EL BENEMÉRITO DE LA PATRIA

MEJOR CONOCIDO COMO GENERAL IGNACIO ZARAGOZA SEGUIN

Miguel Ángel Madrid García.- Hablar de Ignacio Zaragoza, es hablar de la disciplina, la lealtad y del honor en todo el sentido de estas palabras, él fue el hombre que comandó una de las luchas más significativas en la historia de México, Ignacio Zaragoza, fue comandante del Ejército Mexicano, logró evadir la toma de Puebla por parte del Ejército Francés, y diciendo al presidente Benito Juárez un mensaje: “las armas” nacionales se han cubierto de gloria”.

Para aclarar si él fue ¿Texano o coahuilense? Ignacio Zaragoza nació en 1829 en Bahía de Espíritu Santo, Texas, pero cuando este lugar pertenecía a Coahuila y Texas, se dice El ímpetu guerrero lo llevaba ya en la sangre, pues su padre, Miguel Zaragoza, fue también militar; su madre se llamaba María F. de Seguin.

No obstante, vivió mayormente en Tamaulipas y Nuevo León, en donde inició sus estudios. Fue en Monterrey donde se casó con Rafaela Padilla de la Garza, con quien tuvo tres hijos. Ella murió el mismo año que él.

También manifestó su amor por la patria que defendía: “Soldados: hoy vais a pelear por un objeto sagrado, vais a pelear por la Patria; yo prometo que en la presente jornada le conquistaréis un día de gloria”.

E incitó un entusiasmo guerrero basado en el patriotismo: “Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero vosotros sois los primeros hijos de México. Soldados: leo en vuestra frente la victoria”.

 

Participó desde joven en otros enfrentamientos que le dieron su importancia como militar, una carrera que inició “formando parte de las Guardias Nacionales con el grado de sargento”; luego, como capitán, colaboró en la rebelión de Ayutla; se enfrentó contra los santanistas “en la batalla de Saltillo y en 1856 defendió la plaza de Monterrey” en Nuevo León, también derroto al temible y sanguinario tigre de Tacubaya el general Márquez en Guadalajara, leal siempre al General González Ortega, y por ende  también a las de Benito Juárez, manteniéndose así como un liberal bien definido, de los que Juárez hubiese querido que fueran todos.

 

Su vida personal, fue un verdadero pasaje triste, primero al no poder llegar al altar el día de su boda por atender unas órdenes superiores, se vio obligado a enviar  a su hermano Miguel Zaragoza en su representación, tuvo 3 hijos de los cuales solo sobrevivió una pequeña de nombre Rafaela, sus dos hijos anteriores murieron muy pequeños ambos de nombre Ignacio, así como en los meses de la intervención francesa e imposibilitado de salir del cuartel, le llega la noticia que su esposa Rafaela Padilla de La Garza fallecía de Pulmonía en enero, siendo la batalla en mayo y la muerte del general  en septiembre, todo en el año de 1862.

 

Un año antes de la gran batalla de Puebla, lo nombraron Ministro de Guerra, en 1861, pero ante la amenaza de invasión por la Alianza Tripartita se hizo cargo del Ejército de Oriente defendiendo a su patria en las Cumbres de Alcultzingo.

Se dice que siempre fue un hombre sencillo, severo, rectilíneo, fiel a sus principios, reflexivo y sereno; intrépido hasta la temeridad; hostil al halago, a la soberbia, a las Murió en pie de guerra como sin capitulaciones ante el deber reconocen muchos, sin manchas deshonrosas y sin hurtarle el cuerpo a las duras campañas; se marchó de la vida con las manos limpias de ventajas personales, cuando México veía en él su más legítima esperanza.

 

Y más en una época de fanatismos bárbaros, de penurias, asonadas y cuartelazos. Juárez debía enfrentarse no sólo a los soldados de Napoleón, (los mejores del mundo) sino a las bandas conservadoras, a los traidores que se jugaban la carta de la invasión extranjera, al clero ansioso de recobrar su prepotencia, y para combatir esas fuerzas no había dinero, ni víveres, ni ejército, ni organización.
Se necesitaba por lo tanto una victoria, una victoria que nos levantara, que diera ánimos, que uniera a los patriotas. Esa victoria fue la del 5 de mayo de 1862 ganada por un general de 33 años, dándole órdenes directas y precisas al que fuera presidente dictador Porfirio Díaz, así como a otro brillante militar, como lo fue el general Berriozábal, ejecutando al pie de la letra esas órdenes para poder salir victoriosos, Aunque para muchos posiblemente no fue un militar de genio como Morelos, si fue un hombre inteligente, perspicaz y honesto.

 

En la adversidad supo ser constante, aunque sus tropas, casi siempre hambrientas, siempre mantuvo una fe inquebrantable.

En Puebla tres días antes de la batalla se vio obligado a sus tropas a mantenerlas acuarteladas para evitar la deserción, como dije fue un hombre sencillo que comía el rancho del soldado y compartía su existencia miserable. Pero quizá fue una de que, en estas condiciones dramáticas, contrajo el “tifo” (tifoidea) del que murió cuatro meses después de su triunfo.

 

A fines de agosto, Zaragoza, en compañía de Jesús González Ortega, pasó una revista de inspección a las posiciones republicanas, siendo una jornada agobiante

Zaragoza se retiró a su tienda de campaña, sintiéndose enfermo. El día 1 de septiembre empeoró y tuvo que guardar cama. Su estado era grave. Estaba postrado en su catre, la barba crecida, la fiebre atacándolo, a ratos durmiendo un sueño inquieto, a ratos delirando.

Las crónicas mencionan el orden en la mesa, el tintero con la pluma de ave, los planos y los comunicados de la Secretaría de Guerra. Puestos sobre un banco, las botas lustrosas, la espada, los uniformes de charreteras de oro. Entraban y salían los oficiales llevando órdenes y oficios. El General se incorporaba en las almohadas, pedía sus gafas, y haciendo un esfuerzo, leía y firmaba los despachos más urgentes… y los médicos militares solo podían mencionarle que mañana “estará usted mejor”

El día 3 se decidió trasladarlo a Puebla. No era ya posible tenerlo moribundo en pleno campo, sin una atención médica eficiente y se dieron órdenes de enganchar su carretela. Envuelto en mantas lo acomodaron en el asiento de cuero húmedo. El ejército se apretaba alrededor del carruaje llegando el 4 de septiembre a Puebla.

 

 

Finalmente, las 10 de la mañana del 8 de septiembre murió, el general tan solo tenía 33 años, la noticia corrió por los cuarteles, las primeras tropas en tener conocimiento fue primero la de San Luis y las del Batallón de Aguascalientes,

 

El parte oficial militar de su muerte, enviado por el doctor Navarro, decía:
“Línea telegráfica entre México y Veracruz. Puebla. Septiembre 8 de 1862. Recibido en México a las 12 y 28 minutos de la mañana”.

“Excmo. Sr. Ministro de la Guerra. Son las 10 y 10 minutos. Acaba de morir el general Zaragoza. Voy a proceder a inyectarlo”. Juan N. Navarro.
El 11 de septiembre de 1862, su cuerpo fue llevado de Puebla a la Ciudad de México. La escolta la comandaba el general Mariano Escobedo, sin dudarlo el presidente Benito Juárez decretó luto nacional se iba uno de sus mejores hombres y pidió a los gobernadores de los Estados que celebraran honras fúnebres en memoria del héroe fallecido. El Congreso lo declaró Benemérito de la Patria en Grado Heroico, y anunció su ascenso, post mortem, a General de División. Por decisión de Don Benito Juárez, Puebla dejó de llamarse “Puebla de los Ángeles”, para nombrarse en lo futuro oficialmente “Puebla de Zaragoza”, así como hoy en día también esta nombrado el estado de “Coahuila de Zaragoza”.

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