LA “NOCHE TRISTE” DE HERNAN CORTES

¿Y POR QUE NO DECIRLE LA “NOCHE ALEGRE” DE LOS MEXICAS?

El 30 de junio de 1520 se conoce un hecho determinante en las batallas de la conquista, lo que se ha dado en llamar la “noche triste”, cuando en realidad pienso que debió ser la “noche alegre” para la gente que defendió hasta donde pudo, lo que ahora conocemos como México, protagonizada entre los españoles y los Mexicas, evidentemente, no hay batalla que se pierdan hombres y recursos, pero el definir como “Triste” para los invasores españoles que fueron derrotados y diezmados de manera significativa,  ¿entonces la historia nos la enseñan al revés?, entiendo que por la dominación española durante 300 años, se pudiera, definir como algo incluso “heroico y celestial” por tal dominio, entonces creo que es legítimo  después de 500 años luego de esta Conquista, es decir 200 años después, creo que se ha tenido el tiempo necesario para darle un cambio o tan simple de recordar de manera más protagónica y una definida victoria aplastante, por medio de los Mexicas, en la zona de lo que hoy es la ciudad de México.

Como es sabido la reina Isabel de España resolvió decretar que todos los presos condenados a pena de muerte, cadena perpetua o con largas condenas por delitos de asesinato, robo, violación, etcétera, podrían salir libres siempre y cuando se embarcaran con rumbo a estas tierras. Así salieron legiones de criminales ávidos de riqueza y de la peor clase social por decirlo así, al grado de mentiras decían que traían la civilización y la religión, pero en realidad llegaron a robar, violar y matar a quienes durante siglos vivían en sus propias tierras, y darle el nombre de Colonización.

Fue un salvajismo tal que, en las islas del Caribe, Cuba, La Española donde hoy están Haití y República Dominicana, Trinidad y Tobago, Puerto Rico, etcétera, se arrasó con toda la población en un genocidio que acabo con los indígenas. Actualmente en esos países hay negros, mulatos y blancos, pero se ha establecido que no sobrevivió prácticamente ningún poblador originario.

En lo que hoy es México el genocidio fue tal, que de alrededor de 25 millones de habitantes que había en 1500, para 1650 sólo quedaban 1 millón 200 mil habitantes de los pueblos originarios o nativos, pero sobre todo hay que ser claro que la mayoría de estos sucesos fueron por enfermedades.

Hernán Cortés, quien estudió leyes en Salamanca y fue escribano real en La Española y Cuba, tenían un gran interés en esconder lo que realmente pasó aquí y en distorsionar la sociedad que enfrentaron. Él no podía decir la verdad. Cortés llegó a Veracruz huyendo de Cuba sin ningún permiso del rey, ni del virrey, de “conquistar” o invadir, ni siquiera el virrey Diego de Velázquez contaba con esa autorización y había mandado una comisión a España a obtenerla. Hasta ese entonces se había tenido que limitar a mandar expediciones como la de Hernández de Córdoba y la de Juan de Grijalva para obtener “rescates” de oro por secuestrar indígenas. Cortés huyó de Cuba y sin escrúpulos, como sabemos saqueó, hizo preso a Moctezuma a traición.

Hernán Cortés, quien era experto en redactar documentos legales y “ojo” para nada que fue un militar de carrera, como muchos piensan, inventó una historia con el apoyo de todos sus cómplices, que también merecían ser ejecutados para evitar que sus enemigos en la Corte española los denunciaran y pidieran sus cabezas. Cortés no iba a escribir una sola letra que pudiese usarse para responsabilizarlo de ningún delito, no podía ser veraz ni objetivo. Para quitarse de toda culpa inventaron que fue Moctezuma quien por propia voluntad se había sometido y entregado todo al rey Carlos y que fue el propio pueblo el que lo mató a pedradas. Esta falsedad quitaba toda culpa a los criminales. En su “carta”, Cortés dice que Moctezuma lo confundió con el enviado de un señor (feudal) dueño de la tierra, y que por eso se la “devolvió” voluntariamente. Cuestión evidentemente falsa, porque aquí no había feudalismo, ni siquiera existía la propiedad privada de la tierra y Moctezuma no era un rey y menos un emperador, sino un “vocero” o tlatoani, que acataba órdenes del Consejo o Tlahtocan. Él nunca pudo conducirse como lo inventó Hernán Cortés.

La realidad fue otra. Moctezuma, prisionero de los invasores españoles, les declaró la guerra a éstos, pero no se dieron cuenta del significado de lo que les advertía el tlatoani, pues ellos siempre atacaban por sorpresa, además él hablaba en nombre del Tlahtocan o Consejo, que era el que mandaba, y ellos lo creían rey o emperador y no sabían que tenía que transmitir las órdenes de un grupo colegiado.

Luego de la terrible matanza de la fiesta de Tóxcatl, el pueblo dejó de abastecer a los españoles, por lo que Hernán Cortés ordenó a Moctezuma que les trajeran los alimentos necesarios. Como no podían dejar salir a Moctezuma, pues manteniéndolo secuestrado como rehén garantizaban no ser atacados, aceptaron la propuesta que él realizó con suma astucia: que saliera Cuitláhuac, su hermano.

Lo que no sabían es que el Ueyi Tlahtocan, el Consejo Supremo, que él era la máxima autoridad, había ordenado a Cuitláhuac que saliera a hacer la guerra, sin importar que esto provocara la muerte de todos los prisioneros. Salió entonces Cuitláhuac y comenzó un combate sin tregua. Lo que fue interpretado por los europeos como una “rebelión” contra su prisionero, los invasores españoles sacaron a Moctezuma a la azotea para ver si exhibiendo al rehén que mantenían secuestrado paraban el ataque, pero el combate prosiguió.

Al constatar que ya no les servía su rehén, los españoles asesinaron a Moctezuma Xocoyotzin y a todos los prisioneros. Si Moctezuma fue herido con una piedra fue porque lo sacaron a la azotea en medio de una lluvia de flechas y piedras y de ninguna manera porque fuese dirigida una piedra en contra de él. De cualquier manera, no murió de una pedrada, sino asesinado a manos de los españoles, como lo indican todos los cronistas religiosos. Así trataron los europeos a quien los había recibido en paz, siguiendo la costumbre de su pueblo, que antes de comenzar una guerra celebraba tres entrevistas con un lapso de 1 mes entre cada una de ellas y otro mes más para comenzar el ataque. Moctezuma los recibió porque era su cultura dar buena acogida a las embajadas extranjeras, pero los españoles lo apresaron en cuanto lo tuvieron enfrente, como relata Bartolomé de las Casas.

Luego de asesinar al tlatoani, echaron su cadáver fuera del palacio de Axayácatl calculando que, mientras el pueblo le hacía sus honras fúnebres, ellos podían escapar en medio de la noche. Así lo hicieron, pero una mujer vigilante los vio y dio la voz de alarma y comenzó el ataque.

Cuitláhuac desató la ofensiva a la orden de “¡tiahui, tiahui!” (¡adelante, adelante!) derrotó por completo a los ladrones que huían cargados de oro, luego de asesinar a quienes, siguiendo sus costumbres ancestrales, les habían dado hospitalidad. La derrota de los españoles fue abrumadora. Ellos vivieron su “noche triste”, pero para los mexicanos es la “noche alegre” es el verdadero valor, Esa noche murieron 2 mil 66 europeos (tan sólo sobrevivieron 425), además de miles de sus aliados indígenas a los que mandaron por delante como escudo protector la mayoría Tlaxcaltecas, y sobre cuyos cadáveres pasaron los españoles pues los arrojaron a los canales para poder huir. Esa noche también perdieron todos los tiros de artillería, la pólvora, casi todas las ballestas y arcabuces (especie de rifles), además de 79 caballos y casi todos sus perros. Los mexicas pudieron haberlos perseguido y aniquilado, pero no era su costumbre pisotear al vencido, incluso si estos no tuvieran para comer, la costumbre Mexica así lo determinaba, posteriormente la guerra como sabemos se perdió realmente por las enfermedades que no existían en América, esta evidentemente traídas de Europa, como la viruela y el sarampión principalmente.

Cortés, no se sabe a ciencia cierta si realmente lloró su desgracia bajo el ahuehuete conocido como “el árbol de la noche triste” que este se encuentra en calzada México Tacuba y la calle de Mar Blanco, cerca de las estaciones Popotla y Cuitláhuac, de la línea 2 del metro de la cuidad de México

Por lo tanto, es bueno dar a conocer este evento como una noche victoriosa, y triste para ellos (los conquistadores). Y que Hemos de reinterpretar la historia analizándola desde el punto de vista nuestro como país, y deshacernos de una vez por todas de las calumnias medievales y de la oscuridad colonial que dominaron estas tierras por casi tres siglos.

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