LA REVOLUCION MEXICANA CONSECUENCIAS  DE UNA GUERRA CIVIL

MIGUEL ÁNGEL MADRID GARCIA, ULTIMA PARTE.- En la edición anterior, fijamos la percepción de un ejército conocido como constitucionalista, liderado por Venustiano Carranza, que de alguna manera se tendrá que aceptar que forzó la huida del “chacal” que llevo de sobre nombre Victoriano Huerta, que al ser derrocado se refugió en Barcelona, por ser el golpista y actor intelectual de Francisco y Gustavo Madero, Pino Suarez y Belisario Domínguez.

Sin embargo. el dolor fuerte de cabeza de Carranza venia de las legiones del Norte y del Sur, con un visión clara de desacuerdo e incluso personal con Zapata, por  la cantidad de seguidores que este líder tenia, y que probablemente no podría controlar, además en el norte del desobediente Francisco Villa, donde solo Villa reconoció siempre la buena voluntad de Madero, al grado de colocar una placa en una calle del centro de la ciudad de México y cambiar el nombre del “paso de  plateros” a lo hoy conocemos como la  de Francisco I Madero incluso se dice que llego hasta las lágrimas por la ausencia del que fuera su amigo de causa, acompañado en ese evento por Zapata.

Aun así, a  pesar de que Carranza se había levantado contra el gobierno huertista con la promesa de restaurar la Constitución de 1857, optó por redactar una nueva constitución que cumpliera con las promesas hechas a campesinos y obreros durante el conflicto armado, esto con la finalidad de evitar que los principales actores quedaran insatisfechos y de nuevo se creara una inestabilidad social y política.

Pero al fin llegaría el fin del constitucionalismo debido al fragmetismo total a grandes rasgos se pueden dividir en 3 grupos los movimientos anti carrancistas: los revolucionarios anti constitucionalistas, en donde destacan los villistas, los zapatistas, los cedillistas en San Luis Potosí  arenistas, ubicados en el estado de Tlaxcala y los calimayoristas en Chiapas; los contrarrevolucionarios, entre los que se encuentran los pelaecistas, quienes se ubicaron en la costa superior del Golfo de México, los felicistas, quienes apoyaron a Félix Díaz durante su incursión al país por Tamaulipas y lo siguieron posteriormente por Oaxaca, Chiapas y Guatemala y de regreso nuevamente por Veracruz, en una campaña que duraría hasta mediados de 1920, los soberanistas, que operaban en Oaxaca y cuyos

Líderes eran José Inés Dávila y Guillermo Meixueiro, mapachistas y pinedistas, conocidos comúnmente como “finqueros” y que operaban en el estado de Chiapas, y los aguilaristas, que se encontraban en Oaxaca. Finalmente también se encontraban alzados sin banderas, como los altamiranistas, cintoristas y los chavistas, quienes operaban en el estado de Michoacán pero fueron derrotados finalmente el 8 de enero de 1918 en el pequeño municipio de Huandacareo del mismo estado con apenas 83 hombres colocados estratégicamente en el pueblo.

Sonora levanta la mano El 23 de abril de 1920, los sonorenses, encabezados por Plutarco Elías Calles, dieron a conocer el Plan de Agua Prieta, que fue la señal para llevar el levantamiento general contra el gobierno de Carranza. A través de este documento, se desconoció al presidente de la República y a varios gobernadores.

Las adhesiones al movimiento aguaprietista empezaron a cundir por todo el país. El grupo militar más importante con el que pudo haber contado Carranza, el de Pablo González, se sublevó contra él a fines de abril de 1920.

El avance de la sublevación obligó a Carranza a abandonar la ciudad de México el 7 de mayo de 1920, para tratar de instalar su gobierno en Veracruz, hasta llegar a su persecución hasta su asesinato  En pocos días, prácticamente todo el territorio del país estaba en manos de los rebeldes.

El triunfo de la rebelión de Agua Prieta significó el ascenso a la dirección del Estado del sector más lúcido de la burguesía sonorense (De la Huerta-Obregón-Calles), representante a su vez, de las fuerzas más inteligentes del país. Este sector promovería una serie de reformas para consolidar el poder, someter a las masas y legitimar ante ellas su dominio.

Sin embargo  las cosas se daban así: Obregón y Carranza contra Villa, Carranza contra Zapata; Obregón y Calles contra Carranza,  y finalmente Calles contra Obregón.

Con todo esto Obregón fue presidente entre 1920 y 1924. De la Huerta quiso ser elegido presidente nuevamente, pero al ver que Obregón favorecía a Plutarco Elías Calles desconoció al gobierno, lo que desencadenó la denominada rebelión de la huertista, que fue apoyada por las dos terceras partes del ejército nacional. El movimiento fracasó y el 11 de marzo de 1924 De la Huerta abandonó el país, exiliándose en Los Ángeles, California.

Plutarco Elías Calles fue nombrado presidente para el período de 1924 a 1928, tomando posesión el 1 de diciembre. Durante los dos últimos años de su gobierno la situación interna del país se volvió crítica debido a la posición de Calles respecto a la iglesia católica, lo que provocó el surgimiento de un movimiento armado conocido como “guerra cristera”. Poco antes de terminar su mandato se reformaron los artículos 13 y 82, con lo que existiría la posibilidad de que Obregón fuera electo presidente nuevamente En las elecciones realizadas el 1 de julio de 1928 Obregón resultó victorioso por un amplio margen, pero antes de asumir la presidencia fue asesinado en un restaurante de la Ciudad de México por José de León Toral, un fanático católico.

Lo lamentable fueron todas las muertes que esto ocasiono, lo cierto  es que no se tiene un número exacto de la cantidad de muertos que hubo durante la Revolución mexicana. La mayoría de las fuentes apuntan que entre un millón, y 2 millones de personas  murieron durante esta etapa de la historia de México. Estas cifras se basan en los datos proporcionados por los censos realizados en el país en los años de 1910 y 1921. El censo de 1910 arrojó una cantidad de 15.160.369 habitantes, mientras que el de 1921 la cantidad de 14.334.780. Esta diferencia aproximada de 1 millones la que se ha tomado como la cantidad de muertos ocasionados por el conflicto armado, aunque esa cifra está conformada por la gente que murió en combate, la disminución de la natalidad, la inmigración a países como los Estados Unidos, Guatemala, Cuba y otros de Europa, los muertos a causa de la hambruna, así como los muertos debido a una pandemia desatada en 1918 de gripe española, la cual se asegura llegó a causar la muerte de 450.000 personas.

Los estudios demográficos que se realizaron posteriormente sobre el tema subieron la cifra de muertes. De esta manera, Manuel Gamio sostendría que hubo 2 millones de muertos, mientras que Gilberto Loyo, padre de la demografía mexicana, elevó el número a dos millones y medio de muertos. Más recientemente, Moisés González Navarro en un estudio inédito bajaría la cifra a 1.9 millones. Mientras, en un estudio estadounidense, Andrew Collver haría variar la estadística de este dato entre 2.5 y 3.1 millones. Sin embargo, el análisis más reconocido es el de 1993, cuando Manuel Ordorica y José Luis Lezama realizaron un análisis demográfico de nuestro país, auspiciado por el Consejo Nacional de Población, y llegaron a la cifra de 1.4 millones de muertos, 1.1 millones de nacimientos frustrados, 400 mil emigrados, y medio millón en error censal para un total de 3.4 millones de vidas afectadas por la revolución.

Posteriormente tras la muerte de Obregón, Calles dio un discurso público en el que aseguró que la etapa de los caudillos llegaba a su fin y comenzaba el de las instituciones. En 1929 fundó el Partido Nacional Revolucionario, posteriormente llamado Partido de la Revolución Mexicana y finalmente Partido Revolucionario Institucional, el cual gobernó al país hasta el año 2000 con este formato político.

Sin duda queda mucho por plantear, personajes, batallas, planes, historias, pero solo generó rezago en todos los sentidos, las  muertes, hambruna, deudas, fue esta guerra civil ¿necesaria?.. Sin duda que ¡sí!,  por  nuestros bisabuelos y abuelos de muchos de nosotros, que lo vivieron directamente y  no hay con que pagarles de que estemos aquí, pero  las consecuencias fueron muchas, y que con una conciliación nacional se pudieron en parte evitar, pero el poder, el enriquecimiento, el racismo en gran parte junto con la ignorancia como aliado, la religión, llevaron siempre la pauta, y no cabe la menor duda que  en nuestra historia mexicana nos dejara un sabor por siempre amargo.

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