EL PERDEDOR DE LA BATALLA DEL 5 DE MAYO

CHARLES FERDINAND LATRILLE, CONDE DE LORENCEZ, EL GENERAL FRANCES QUE CAYO ANTE EL GENERAL ZARAGOZA

Miguel Ángel Madrid García.- México marcó para siempre la vida y la trayectoria militar del general francés Charles Ferdinand Latrille, conocido como Conde de Lorencez (1814-1892), el gran perdedor de la Batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862 cerca a conmemorarse en los próximos días, porque en este país conoció el amargo sabor de la derrota.

Nacido en París de una familia aristócrata fue hijo de Guillaume Latrille de Lorencez egresado de la legendaria Escuela Militar Especial de Saint-Cyr (1830-1832), héroe de la Guerra de Crimea y de la Batalla de Solferino, el Conde de Lorencez arribó lleno de expectativas al puerto de Veracruz, el 5 de marzo de 1862. Ahí recibió el mando superior y fue ascendido a general.

La Batalla de Puebla, en la que al frente de 6 mil efectivos fue rechazado por las tropas numéricamente inferiores del general mexicano Ignacio Zaragoza, se convirtió en una afrenta contra Napoleón III y el Ejército francés hasta entonces invicto.

Este personaje “olvidado”, sus errores estratégicos al atacar los fuertes poblanos de Loreto y Guadalupe y su destino final en Francia.

“Latrille fue un oficial de carrera, quien debió sus ascensos a su familia aristocrática y a su estancia en la famosa escuela militar de Saint-Cyr, de donde egresa con el grado de teniente.

Desde Viena que Latrille sirvió primero en Argelia, obtuvo el grado de coronel en 1852, y luego el de general de brigada en 1855, durante la Guerra de Crimea, en el momento de la toma del fuerte ruso de Malakoff.

No era ningún improvisado, agrega Patricia Galeana, para aclarar que “en un acto auto-denigratorio, se ha dicho que no vino lo más granado del Ejército francés. Pero si pensamos que el emperador Napoleón III consideró que el establecimiento en México de un gobierno subsidiario del suyo iba a ser la página más gloriosa de su reinado, a una empresa de tal importancia no iba a mandar, por lo tanto, a militares novatos”.

Latrille venía de dos encuentros bélicos fundamentales de donde los franceses salieron victoriosos: la Guerra de Crimea, realizada entre 1853 y 1856 contra el Imperio Ruso, en la que participaron del bando galo los ejércitos del Reino Unido, el Imperio Otomano y los reinos de Piamonte y Cerdeña; y la Batalla de Solferino (1859), en la que Francia y Cerdeña vencieron a los 100 mil soldados del Ejército austriaco.

No era de sorprender la soberbia del mensaje dirigido por Latrille al Mariscal de Francia Lannes: “Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6.000 valientes soldados, ya soy dueño de México”, apunta un parte militar.

En general, los franceses sentían un gran desprecio por los mexicanos, porque los veían como un pueblo atrasado que no lograba su estabilidad política. Imagínese, era el Ejército vencedor del momento.

Los errores del Conde

Entonces, ¿por qué un militar tan experimentado perdió contra un ejército menor en número, unos 4 mil efectivos, ¿cuáles fueron los errores de su estrategia? Latrille quiso conquistar Puebla de un golpe, olvidando informarse más sobre la sede y los preparativos de los defensores, atacando el Fuerte de Guadalupe, el más fortificado.

El general francés suponía que le sería muy fácil vencer a las tropas mexicanas y, desoyendo los consejos de los conservadores de esperar refuerzos, atacó prematuramente la ciudad.

Las tropas mexicanas del Ejército de Oriente, comandadas por Ignacio Zaragoza, rechazaron al Ejército francés en tres ocasiones, ayudadas por la inadecuada planeación en la ejecución de sus asaltos. Todavía, durante el tercer intento, se desató una tormenta que arruinó la pólvora y la artillería de Latrille, quien se vio obligado a retirarse a la costa”, destacan. Después de esta derrota, apuntan los historiadores, el Conde de Lorencez fue sustituido por el mariscal Federico Forey; aquél reclamó la decisión, aduciendo su derecho a recuperar su honor y que debía ser él quien derrotara a los mexicanos; pero Napoleón III no le concedió la petición, así que dejó Veracruz el 17 de diciembre de 1862.

Sobre cómo fue recibido en Francia, en el expediente de Lorencez en el Service Historique des Armées de Terre, en Vincennes, que denota cierta comprensión: Lo criticamos porque no hizo caso de los mexicanos que le decían que Puebla se había tomado siempre por el sur, y nunca atacando los fuertes. Pero el general Luis Garfias nos dijo que él hubiera hecho lo mismo que Lorencez: un militar de carrera no escucha a unos civiles. Además, las reglas de la Escuela de Guerra eran: tomar las alturas primero”.

El militar galo combatió posteriormente, en 1870, en la Guerra franco-prusiana, siendo derrotado en la Batalla de Sedán, junto con el poderoso Ejército francés. Se acabó su carrera. No volvió a tener mandos de tropas. Lo único que le confiaron fue el nombramiento de inspector de campos de maniobras militares. En esta desastrosa guerra cayó preso, como muchos de sus compañeros, entre ellos Napoleón III.

Dos años después, Latrille fue retirado del servicio activo, debido a una enfermedad contraída en México, pero nunca fue degradado. Su sustitución por Forey fue bastante humillación. No hubo condena por parte de la justicia militar, como le pasó al Mariscal Aquiles Bazaine, tras su derrota en la Batalla de Sedán.

Por fin casi nada se sabe de su vida privada, debido a que fue hecho a un lado tanto por los historiadores franceses como por los mexicanos.

Sólo se conoce, que años después de su derrota en la Batalla de Puebla redactó una reseña histórica de la expedición francesa en México, para que se conociera su punto de vista. Se dice que el Conde de Lorencez nunca se pudo recuperar de la humillación del 5 de mayo de 1862.

La justificación de Napoleón III tras la destitución de Lorencez.

El tres de julio, de 1862, Napoleón III envía carta al Mariscal francés, Elías Federico Forey, a la Ciudad de México, que contiene instrucciones y recomendaciones a desarrollar en México. En la carta, fechada en Fontainebleau, Napoleón III hace algunas reflexiones sobre la reciente derrota del Ejército Francés, sufrida apenas dos meses antes.

“…Nunca he pretendido que la población mexicana fuese harto entusiasta y enérgica para salir al encuentro de nuestros soldados y sacudir por sí misma al gobierno que la oprime; pero siempre ha sostenido que una vez en el interior del país, hallaríamos poblaciones simpáticas. Ahora, la prueba de que tenía razón es, que, tras el descalabro del 5 de mayo, veo por un informe del cónsul de Prusia en Puebla, dirigido a su gobierno, que aquella ciudad era presa de la consternación el día siguiente de nuestro fracaso; que triste y silenciosa estaba, lejos de tomar parte en la alegría del cuerpo de tropas mexicanas.

” Sé por cartas venidas de la misma Puebla, que más de diez personas han sido fusiladas para intimidar a los que como ellas se atreviesen á hacer demostraciones en nuestro favor. Sé por veinte cartas venidas de México y puestas ante mi vista (entre las cuales se encuentran los informes de los ministros de Prusia y Bélgica), que antes del 5 de mayo el gobierno había caído en el estupor, y que la población nos aguardaba con impaciencia como libertadores…” 

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