VENUSTIANO CARRANZA, EL VERDADERO AUTOR INTELECTUAL DEL ASESINATO DE EMILIANO ZAPATA

MIGUEL ÁNGEL MADRID GARCÍA.- El 10  de abril de 1919, como sabemos, moriría asesinado Emiliano Zapata, sinónimo de resistencia, revolución y redención de los sectores campesinos más humildes del México de principios de siglo. Entre 1880 y 1910 este país había sido gobernado casi ininterrumpidamente por el general Porfirio Díaz, cuya política favorecía los intereses del sector terrateniente latifundista y del capital extranjero (esencialmente norteamericano), mientras gran parte de la población, en su mayoría indígenas privados de sus tierras, se encontraba excluida de las decisiones políticas y sumida en una profunda crisis. En 1910 estalló un movimiento revolucionario encabezado por el hacendado norteño Francisco  I. Madero, que pronto se extendió a los sectores más humildes, representados por líderes más radicales como Emiliano Zapata y “Pancho” Villa. Porfirio Díaz fue desplazado y, en 1911, Francisco I. Madero asumió la presidencia. Pero pronto Zapata se declaró en su contra y propuso “la tierra para quien la trabaja”, formulando un programa de reforma agraria, conocido como Plan de Ayala. El líder revolucionario luego continuó sus acciones guerrilleras contra el gobierno dictatorial de Victoriano Huerta, que contaba con el respaldo estadounidense, y el de Venustiano Carranza, elegido constitucionalmente, que quiero decir que Zapata para esas fechas era una seria amenaza para cualquiera, por lo tanto en 1919, un  a sabiendas que podía ser capturado o traicionado Zapata  en algún momento declaró “Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado”.

Este líder revolucionario en el Sur de México, como líder político de su comunidad, tuvo acceso a documentos virreinales donde se demostraba que los campesinos del pueblo eran dueños de las tierras que las Leyes de Reforma (B. Juárez) les quitaron. La historia oficial atribuye falsamente este robo de tierras a Porfirio Díaz. Zapata reclamaba la devolución de estas tierras. Ese era el único motivo de su lucha, primero apoyó a Madero, después lo tomó como enemigo con el pretexto de la lucha revolucionaria sus seguidores se dedicaron al asesinato y saqueo de la clase productiva. Mantuvo la guerra y llegó a dominar la mayor parte del Sur de México. Se hizo enemigo de Victoriano Huerta, una vez que este huyo del país, se queda en manos de Venustiano Carranza lo que quedaba de la política mexicana, sin embargo, Zapata nunca tuvo esa idea, trato de comprender una unión de poderes, para terminar esta según “revolución”, pero al final se dio cuenta que tan solo, era para los que tenían ambición de poder tal como se lo expresa a Carranza en una carta y dice una parte:

“Cuartel General del Ejército Libertador en el Estado de Morelos.

Al C. Venustiano Carranza.-

México, D. F.

Como ciudadano que soy, como hombre poseedor del derecho de pensar y hablar alto, como campesino conocedor de las necesidades del pueblo humilde al que pertenezco, como revolucionario y caudillo de grandes multitudes, que en tal virtud y por eso mismo he tenido oportunidad de reconocer las reconditeces del alma nacional y he aprendido a escudriñar en sus intimidades y conozco de sus amarguras y de sus esperanzas; con el derecho que me da mi rebeldía de nueve años siempre encabezando huestes formadas por indígenas y por campesinos; voy a dirigirme a usted, C. Carranza, por vez primera y última.

No hablo al Presidente de la República, a quien no conozco, ni al político, del que desconfío; hablo al mexicano, al hombre de sentimiento y de razón, a quien creo imposible no conmuevan alguna vez (aunque sea un instante) las angustias de las madres, los sufrimientos de los huérfanos, las inquietudes y las congojas de la patria.

Voy a decir verdades amargas; pero nada expresaré a usted que no sea cierto, justo y honradamente dicho.

Desde que en el cerebro de usted germinó la idea de hacer revolución, primero contra Madero y después contra Huerta, cuando vio que aquél caía más pronto de lo que había pensado; desde que concibió usted el proyecto de erigirse en jefe y director de un movimiento que con toda malicia denominó “constitucionalista”; desde entonces pensó usted, primero que nada, en encumbrarse, y para ello, se propuso usted convertir la revolución en provecho propio y de un pequeño grupo de allegados, de amigos o de incondicionales que lo ayudaron a usted a subir y luego lo ayudasen a disfrutar el botín alcanzado: es decir, riquezas, honores, negocios, banquetes, fiestas suntuosas, bacanales de placer, orgías de hartamiento, de ambición de poder y de sangre.

Nunca pasó por la mente de usted que la revolución fuera benéfica a las grandes masas, a esa inmensa legión de oprimidos que usted y los suyos soliviantan con sus prédicas. ¡Magnífico pretexto y brillante recurso para oprimir y para engañar!

Sin embargo, para triunfar fué preciso pregonar grandes ideales, proclamar principios, anunciar reformas.

Pero para poder evitar que la conmoción popular (peligrosa arma de dos filos) se volviese contra el que la utilizaba y la esgrimía; para impedir que el pueblo, ya semilibre y sintiéndose fuerte, se hiciera justicia por sí mismo, se ideó la creación de una dictadura, a la que se dió el nombre novedoso de “dictadura revolucionaria”.

Se encontró luego la fórmula apropiada; se pronunciaron palabras sugestivas; eran precisas, indispensables, la unidad de dirección y de impulso, la cohesión entre los revolucionarios, la rapidez para concebir, la energía y la prontitud para ejecutar.

Todo eso, que no podrá tener cabida en una asamblea deliberante, se otorgó a un solo hombre, que fué usted, y desde entonces fué el único amo de las filas del constitucionalismo.

Usted gobierna saliéndose de los límites fijados al Ejecutivo por la Constitución: usted no necesita de presupuestos aprobados por las Cámaras; usted establece y deroga impuestos y aranceles; usted usa de facultades discrecionales en Guerra, en Hacienda y en Gobernación; usted da consignas, impone gobernadores y diputados, se niega a informar a las Cámaras; protege al pretorianismo y ha instaurado en el país, desde el comienzo de la era “constitucional” hasta la fecha, una mezcla híbrida de gobierno militar y de gobierno civil, que de civil no tiene más que el nombre.

Usted, con sus desaciertos y tortuosidades, con sus pasos en falso y sus deslealtades en la diplomacia, es la causa de que México se vea privado de todo apoyo por parte de las potencias triunfadoras, y si alguna complicación internacional sobreviene, usted será el único culpable.

Usted ha orillado a nuestro país a la ruina en lo económico, en lo financiero, en lo político y en el orden internacional.

La política de usted ha fracasado ruidosamente.

Devuelva usted su libertad al pueblo, C. Carranza; abdique usted sus poderes dictatoriales, deje usted correr la savia juvenil de las generaciones nuevas. Ella purificará, ella dará vigor, ella salvará a la patria.

Y si usted, como simple ciudadano, puede colaborar en la magna obra de reconstrucción y de concordia, sea usted bienvenido.

Y para allanar esa obra que de todas maneras habrá de realizarse, sólo hace falta que usted cumpla con un deber de patriota y de hombre, retirándose de lo que usted ha llamado Primera Magistratura, en la que ha sido usted tan nocivo, tan perjudicial, tan funesto para la República.

Emiliano Zapata.”

 

Por lo tanto, creo estaba   muy claro, al final Carranza no soporto o más bien entendió que Zapata le estorbaba,  y debido más a la ideología que estaba plantando, por lo que no le quedó otra más que darle la orden al  General José Pablo González Garza en 1919,  y el a su vez giro la orden al ya conocido Jesús Guajardo, el cual  hizo creer a Zapata que estaba descontento con Carranza y se uniría a él. Zapata pidió pruebas y Guajardo, con consentimiento de Carranza y Pablo González, hizo fusilar a aproximadamente 50 soldados federales y ofreció a Zapata armamento y municiones, por lo que el 10 de abril de ese año Guajardo por fin asesinó a Zapata en la hacienda de Chinameca, Morelos.

Es mucho al fin analizar de conocer más estos eventos, para poner a cada uno en la parte de la historia de México, aunque comparto y respeto las decisiones de muchos grandes personajes, creo que esto si salió fuera de contexto, y como fue y el dicho es muy cierto “el que se enoja pierde”… un año después en mayo de 1920 sin apoyo político y militar, es perseguido y asesinado en Tlaxcalantongo el presidente Venustiano Carranza.

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