¿Dónde están las “exclusivitas?

A seis años de la desaparición del reportero Gabriel Manuel Fonseca las investigaciones siguen como al principio. Su madre y hermano están enfermos; su   padre espera que el de arriba lo tenga en un buen lugar.

Fabián Antonio Santiago/Fotos: César Imagen González

Acayucan, Ver.- Llegamos a la casa, nos acercamos.

Buen díaaa!

Escuchan nuestra voz, que llama justo en la puerta

“Estoy ocupado, ahí para la otra” -se escucha la voz de Ricardo, que desde el baño contesta-.

Doña Candelaria  escucha nuestro llamado, pero no sale.

Camina tímidamente y dice “Ustedes son los del Diario”.

Asoma la cabeza.

¡No puedo decir nada!

Más vale un candado en la lengua y en la boca, pues está muy peligroso.

Le surgen momentos de lucidez, pues poco a poco ha ido perdiendo la memoria.

Seis años de ausencia, seis años en que su rastro se dejó de ver.

El jovencito metido a reportero policiaco sigue sin dar las “exclusivitas”.

Gabriel Manuel Fonseca, mejor conocido como “Cuco”, sigue en calidad de desaparecido y las investigaciones siguen sin “avanzar”.

Es ahora cuando se convierte en “bandera”.

“Cuco” fue visto por última vez el 17 de septiembre de 2011, hay quienes dicen que junto con el “Tegogolo”, luego de esta fecha nadie más supo de su paradero.

Don Juan Fonseca Aguirre le pide al gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares que busque a su hijo.

Aún tienen la esperanza de que llegue a su casa, su mamá lo necesita -dice-.

Gabriel Manuel, nació en un hogar lleno de carencias, lleno de necesidades; sus padres –don Juan y doña Candelaria- de muy escasa preparación.

Cuco inició repartiendo periódicos, de ahí le surge el interés por convertirse en reportero, vio la oportunidad de ganarse unos pesos.

Diario Acayucan  le dio la oportunidad en la sección policiaca.

Ese deseo de progresar, de tener una ayuda económica para llevar dinero a su casa, hacía que Cuco estuviera  siempre alerta; iba de las oficinas del Ministerio Público a la Inspección de la Policía Municipal. Se aventaba a pie más de una decena de cuadras.

Luego le dieron un radio con frecuencia de los cuerpos de auxilio, estaba pendiente, de los accidentes, en general de todo lo que fuera noticia.

Pedía ayuda para redactar, preguntaba siempre.

Posteriormente se fue al Diario el Mañanero, que se edita en Villa Oluta, donde fue asignado a la fuente policiaca.

Tras no llegar a casa en aquellos días de septiembre, empezó la preocupación de sus padres; don Jun salió a buscarlo sin tener éxito.

Acudieron ante el Ministerio Público; fue el entonces fiscal Marco Antonio Pérez Guzmán, quien recibió la denuncia.

El 21 de septiembre, en Soconusco, aparecieron dos tambos de 200 litros con restos humanos calcinados.

Luego de la presión, la fiscalía de Veracruz y la misma PGR realizaron estudios para saber si se trataba de “Cuco”, sin embargo, se cotejó sólo con un cadáver, extrañamente no se cotejó con los otros restos.

Con este caso y a seis años de su desaparición, queda de manifiesto la ineficiencia de los que “procuran Justicia”.

A seis años  el caso sigue como al principio, sin pistas.

Estos años han servido para demostrar la ineficiencia de los investigadores, la complicidad de algunos y también ha servido para, para que algunos obtengan beneficio personal.

MAS VALE UN CANDADO EN LA LENGUA Y EN LA BOCA: DOÑA CANDELARIA

Llegamos a la vivienda situada en la colonia Morelos.

Buen díaaa!

Escuchan nuestra voz, que llama justo en la puerta

“Estoy ocupado, ahí para la otra” -se escucha la voz de Ricardo, que desde el baño contesta-.

Doña Candelaria  escucha nuestro llamado, pero no sale.

Ricardo, hace tiempo y no sale del baño.

Ricardo ¿cómo estás? Le preguntamos

Bien –responde-

Queremos hablar con ustedes

No puedo, estoy ocupado –dice al momento de asomarse-

Dejen ahí lo que traigan y vuelvan otro día –nos indica-.

Doña Candelaria camina tímidamente y dice “Ustedes son los del Diario”

¿Cómo está señora?

Ustedes me conocen? Nos pregunta

Claro que sí, venimos a verla cómo está?

“Estoy bien, el otro día cuando era niña me enfermé, pero me curó el doctor” –nos dice-.

Es evidente, no está bien de salud, pues a decir de don Juan, desde que desapareció su hijo, enfermó y poco a poco ha ido perdiendo la memoria.

Doña Candelaria viste una blusa rosa y una tela enrollada como si fuera una falda, detenida por un cinturón, cabello alborotado.

Entablamos el diálogo, pero su memoria la remonta a otros episodios de su vida, que no sabemos su veracidad.

¿Cuántos hijos tuvo, doña Cande?

Me hicieron cinco varones

¿Dónde están?

Por ahí andan.

Mira al infinito y dice “mi hijo Cuco me traía mis regalos, un día me trajo un radio. Yo no sabía que se lo iban a llevar, dicen que lo vieron cuando se lo llevaron, yo no puedo decir nada, pueden venir a matarme aquí, no mano, es peligroso”

¿Tiene miedo?

“No, no porque tenga miedo, pero no puedo decir nada, nada más un candado en la lengua y ya, como el que dice que no tiene pelos en la lengua. Nadie enseña la cara”.

¿Ustedes conocieron a mi Cuquito?

“Claro que sí, fuimos compañeros de trabajo” –respondimos-.

¿Qué le pediría usted al gobierno?

¿Quién ganó? –nos responde-.

“Yo tenía una foto de mi Cuquito, pero no sé dónde quedó, estaba en una bolsa, pero se me fue”, dice doña Cande.

YO SOLO ESPERO QUE EL DE ARRIBA LO TENGA EN UN BUEN LUGAR: DON JUAN

Don Juan Aguirre Fonseca, como todos los días, sale muy temprano de su casa, camina arrastrando su silla para bolear, sale con la bendición de Dios y la compañía de “Campeón”, su mejor amigo, con el que comparte su larga jornada de trabajo lustrando calzado en la avenida Hidalgo.

“Campeón” se acuesta en la banqueta, es el perro que todos los días acompaña a su dueño, si alguien se le acerca a don Juan de inmediato se para a su lado.

Don Juan dice que la desaparición de su hijo les cambió la vida, sobre todo a doña Candelaria, quien enfermó.

Se siente frustrado porque hasta la fecha no hay resultados, son ya casi seis años y nadie nos dices nada, no hay resultados.

¿Qué le pediría al gobierno del Estado?

“Que busquen a mi hijo, que le echen ganas, que me den resultados para que estemos conformes”, dice al momento que su rostro entristece.

¿Cree que su hijo esté con vida?

“Es muy difícil, pero esperemos que vuelva a casa, su madre lo quiere ver, su madre lo necesita. Si no regresa, solo espero que el de arriba lo tenga en buen lugar”, dice el entrevistado.

Recuerda don Juan que Cuco, les ayuda económicamente, “mi muchacho siempre nos ayudaba, ayudaba a su madre, la verdad que aquí con lo de la boleada apenas si sale para las tortillas”.

Don Juan en la actualidad recibe mensualmente un apoyo estatal.

Seis años han pasado desde que se le vio a Cuco por última vez, las investigaciones están igual que al principio, sin pistas para dar con el paradero de Gabriel Manuel Fonseca.

El caso de Cuco, para unos representa la evidencia de ese sistema de justicia podrido que no da una; para otros representa una bandera y para unos más representa la oportunidad para sacar ventajas y favores personales por medio del chantaje disfrazado de protesta.

Seis años  de ausencia, en las que muchas cosas han pasado, en los que Cuco ha dejado de dar las “exclusivitas”, en los que la actividad periodística cada vez es más peligrosa, en los que la complicidad oficial sigue permeando y sigue la convivencia entre lo legal y lo ilegal.

Compartir

Dejar un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here