EL DRAMA DE DON “CHEO”: Desaparecido, muerto y su cuerpo sin regresar a Oluta

Sus hijas, hermanos y vecinos lo esperan desde hace semanas. Se fue del pueblo en busca de trabajo, como muchos paisanos más. Desapareció el 28 de julio; apareció muerto el 11 de agosto; el cadáver seguía en Querétaro

JULIÁN CARRERA, OLUTA, VER.- Dicen que las dos jóvenes, sus hijas, no han dejado de llorar.  Primero porque desde hace casi un mes les informaron que su padre estaba desaparecido y el llanto continuó porque hace 12 días les dieron la mala noticia de que ya lo encontraron muerto…Pero el llanto y el dolor continúan porque  el cadáver de su ser querido no ha sido traído a su pueblo.

Es la historia de don “Cheo”, quien partió de su pueblo en busca de trabajo y murió o fue asesinado de misteriosa manera en el estado de Querétaro. Don Eliseo Santiago Barragán, quien parte de su vida la dedicó a vivir en paz con  sus vecinos y  del lado de la Evangelio, sigue sin descansar en paz.

LA TRISTE HISTORIA…

El vecino de la calle Juárez, entre Comonfort y Reforma del  barrio Primero fue reportado como desaparecido el viernes 28 de julio. Un día antes, el jueves 27, como lo hacía todos los días después de su jornada laboral en una empresa constructora, descansaba en su cuarto de renta en Querétaro; acá en Oluta, doña “Chila”, su esposa, esperaba la llamada telefónica que le hacía casi a diario. El teléfono ya no sonó.

Extraoficialmente se sabe que allá don “Cheo” había salido a comprar una torta para su cena, pero tuvo que salir intempestivamente del cuarto –o lo sacaron— porque ni la torta se comió. Ahí dejó también el glucómetro que utilizaba diariamente para checarse sus niveles de azúcar en la sangre porque era diabético; sin su aparatito simplemente no salía.

Desde entonces empezó el calvario para su familia. Inició una tímida búsqueda de don “Cheo” que parece no terminar, porque el calvario continúa.

Allá en Querétaro ojalá don “Cheo” no haya sufrido, pero acá en Oluta, la incertidumbre mataba a sus hermanos Raque, Juan y Víctor que viven en el pueblo, “Chabela” que vive en el Uxpanapa y un montón de sobrinos, primos, vecinos y hermanos de la religión pentecostés.

El viernes 11 de agosto les informaron que don “Cheo” apareció muerto. No se sabe nada más, sólo que el hombre está muerto.

A partir  de esa fecha el calvario continuó, porque empezaron los trámites para  el traslado del cuerpo. Los vecinos tienen listo el café, la leña y demás para velarlo como Dios manda, pero el  cuerpo no llega.

Ayer se cumplieron 11 días de que les avisaron que había aparecido el cuerpo, pero el mismo sigue sin llegar a su casa, a su barrio, a su pueblo…vamos ni siquiera ha llegado a su Estado que es Veracruz.

Oficialmente no se sabe por qué desapareció el oluteco en tierras queretanas, tampoco en qué condiciones murió no por qué no han traído el cuerpo. Extraoficialmente se dice que porque en Querétaro se les ocurrió cambiar a funcionarios de la Fiscalía y que empezaron de nuevo todo el papeleo, aunque otros rumores apuntan que porque la empresa para la que laboraba ha puesto algunas trabas, que hay dos “compañeros” detenidos por sospechosos y que la investigación y diligencias están paradas porque pudiera tratarse de un crimen por cuestiones laborales.

Y TODO POR SER POBRE….

Eliseo Santiago Barragán era un hombre serio, de poco trato incluso con sus vecinos. En su familia la mayoría de de la religión Adventista o Pentecostés.

Cuentan sus vecinos que fue empleado de Liconsa en sus épocas doradas y luego fue taxista. Si salió de Oluta fue por trabajo, por buscar mejoras económicas.  Todavía hace un mes y medio ayuda a su esposa en la venta de antojitos, repartiendo la comida entre los vecinos.

O sea: si don “Cheo” se fue de Oluta fue en busca de empleo, como ha ocurrido con cientos o quizá miles de olutecos que están repartidos en Ciudad Juárez, Ciudad Acuña, Tijuana y otros en los Estados Unidos.

La gente sigue partiendo del pueblo dejando a sus familias; muchos hombres no han regresado, o los han traídos en un avión, “lujo” que pueden darse sólo ya difuntos porque en vida sólo viajaron en autobuses de segunda clase.

Aunque en casos como el de don “Cheo” son más tristes, varios días desaparecidos, otro tantos ya muerto y el cuerpo sin ser regresado a su pueblo.

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