55 AÑOS DEL PRI

Hace 33 años escribí el presente artículo para la prensa. Al llegar al aniversario 88 pareciera que hemos vivido un mundo político inmutable. Y aun así, el PRI se apresta a la gran lucha electoral, que puede ser la última batalla electoral por la gran ubre de leche inagotable.

El PRI cumplió 55 años en la vida política de México. A partir de su creación se deja sentir el imperio de la institucionalidad y se desplaza definitivamente el militarismo ramplón y  el caudillaje denigrante. En tan largo tiempo se han relevado en el mando partidista y, obviamente, en el mando del gobierno generaciones de políticos de todos los matices, ideologías y capacidades intelectuales. Pragmáticos que no sintieron la necesidad del discernimiento intelectual. Amorfos desubicados que no tuvieron noción del poder e intelectuales que se hundieron en la especulación demagógica y que a la vez lo hundieron todo.

El cumpleaños 55 ha servido de marco renovador. Las ideas y los propósitos han emanado como efluvios sustentadores de su vitalidad. Se tiene la impresión de que 55 años, son apenas el preludio de una fuerza que habrá de proyectarse a la configuración final de nuestro destino como Nación. La arterioesclerosis institucional que pudiera degenerar en quietismo doctrinal no existe. La involución que asfixia y asesina a las sociedades democráticas, no se percibe. Hay esfuerzos regenerativos. Dinamismo doctrinario. Movimientos reestructurativos. Aperturas catarsianas que incentivan la participación. La edad de 55 años, son las primeras canas que anuncian la plena madurez; pintan la etapa más reposada y fecunda de toda existencia.

Sin embargo, es conveniente contemplar las cosas desde las perspectivas de la realidad. La política es una actividad eminentemente humana y el hombre es un ser donde se manifiesta permanente evolución. Antes el PRI era monolítico por su unidad, hoy no. Nació como partido cupular, de amplia base sectorial, pero lejos de la afiliación individual que es lo que da cohesión doctrinaria y convicción en la lucha. No tiene el PRI base ideológica, porque sus miembros están huérfanos de ideología. Se ha confiado siempre en la cantidad y en una especie de votantes cautivos aprisionados en la estructura burocrática del gobierno, que empieza a resistirse en la sumisión.

Se han cometido grandes errores en la relación equilibrada de partido y gobierno. Tal parece que unos son los que trabajan y votan para mantener al partido en el poder y otros, muy distintos, los que usufructúan el poder. Hay quienes llegan a las altas esferas del gobierno sin tener ninguna militancia partidista.

El PRI de hace 55 años era una multitud abigarrada, sin ideales políticos y sin opciones partidistas. El mismo hombre que propuso un país de instituciones se convirtió en caudillo. La voluntad encajonada de mexicanos sin cultura política, convirtió al partido en una máquina invencible, trituradora de voluntades. En el transcurso de los años las clases medias y proletarias del país tienen acceso a la cultura superior y por tanto, capacidad para la reflexión social y política. Surgen otros partidos y se establecen las opciones. Ya no se transita solo en el camino ominoso de la sumisión eterna. Hay que empezar a ceder o compartir el poder.

Se exalta la preocupación de la cúpula gobernante. Se requieren triunfos como antaño y se hace visible una especie de neurosis partidista. El pueblo empieza a dar la espalda a su tradicional partido, decepcionado de sus líderes y asqueado de ese olor nauseabundo que producen multitud de cadáveres políticos insepultos que pretenden regir los destinos de esta gran nación. Ya no son fáciles los fraudes, los engaños, los ofrecimientos incumplidos y la prepotencia rectora. La ciudadanía culta reflexiona; la inculta intuye, pero todos coinciden en que es urgente buscar un nuevo equilibrio en la estructura, la ideología, la estrategia del partido y del gobierno.

Se pueden hacer miles de consideraciones, en varios volúmenes, y sin ser zahorí, pudieran adelantarse muchos acontecimientos. Quisiéramos hacer una reflexión importante: “lo que no cuesta: ni se aprecia, ni se cuida, ni se defiende”. ¿Quién vigila la supervivencia económica del partido? ¿Cuánto les cuesta el partido a sus militantes? ¿Cuentan los dirigentes con los suficientes recursos económicos para sus programas? ¿Tiene dinero el partido para hacerse funcional y trascendente? ¿Los funcionarios de alto rango, realmente son del PRI? ¿Todos los funcionarios importantes han hecho trabajos de partido? ¿Arribaron al cargo sin antecedentes de partido? Y seguiría una cascada de interrogaciones que se hace el pueblo votante.

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