ACAYUCAN: Memoria De mis “niñas” tristes

Ángel Gabriel Fernández.- (1). El adulto mayor, vestido con botines y sombrero, llega al parque Juárez, al centro de Acayucan, “La Llave del Sureste” y uno de los municipios más importantes del sur de Veracruz. Dialoga brevemente con una mujer, llegan al parecer a un “acuerdo”; la mujer enfila caminando hacia una cuartería ubicada en la calle Pípila media cuadra del palacio; minutos después el hombre maduro sigue la misma ruta.

Son escenas que se viven todos los días. Son escenas como las que se leen en el libro “Memoria de mis putas tristes” de Gabriel García Márquez, donde un anciano va en busca de una chica joven para saciar sus instintos al celebrar sus 90 años de vida.

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Ya se ha dicho hasta el cansancio: Acayucan tiene la mala fama de que en el centro citadino, en los pasillos y alrededores del palacio y en el pasaje más céntrico de la ciudad, el paseo Bravo, es sitio de prostitución. Alcaldes y alcaldesas han pasado y han anunciado terminar con ese feo espectáculo, pero simplemente no han podido. Ya los ciudadanos lo toman como un “mal necesario”, o se dice que” algunos hombres tienen sus necesidades” y pues tienen que satisfacerlas. Prostitución y prostitutas hay en cualquier parte del Mundo, seguramente hasta en el Vaticano, pero en Acayucan los negocios carnales se hacen en los pasillos del palacio. En la administración 1992-1994, el alcalde Maximiano Figueroa Guillén un día ordenó cerras todos los bares y cantinas y mandó arrestar a las prostitutas que pululaban en el parque Juárez. Fue una revuelta social que generó hasta protestas y denuncias penales y ante los defensores de los Derechos Humanos. Terminada aquella administración, el asunto continúa como si nada.

En la administración anterior, de Marco Martínez, se puso en marcha un plan piloto para reubicar a las “chicas malas”: se les hizo un mini domo en la calle Barriovero, para que desde ahí mostraran sus encantos y ofrecieran sus carnes, pero el proyecto no funcionó. La fotografía que se utiliza para esta columna, es de un río de mujeres como haciendo pasarela en los pasillos del palacio que dan hacia la calle Victoria. Ahí esperaban que les “cayera algo”; ojalá no fuera una infección venérea o el famoso “Mal del Siglo”. Se trata de mujeres obligadas por la crisis económica, porque hay historias de ellas: una contó que venía de Jáltipan y que necesitaba dinero para pagar su recibo de energía eléctrica, pero en realidad no son malas, porque hace unas semanas una compañera reportera dejó olvidado su teléfono celular en una banca del Paseo Bravo, pero el aparato fue encontrado por una mujer que ahí tiene su centro de “negocios” y le fue regresado el aparato a su dueña. Se ha visto a una mujer embarazada que tiene que prostituirse, a otra sin dientes (mejor, dirían los perversos) y los compañeros de la prensa comentan que en la “última camada” andan madre e hija “buscando el sustento”.

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Se sabe que el regidor de la Comisión de Salud de la nueva administración municipal es un funcionario del partido MORENA, se apellido Jerez. Actualmente él es el responsable de esta situación; es hora que les vaya diciendo a los acayuqueños si va a poder o no. Si logra erradicar ese problema, Acayucan y “El Peje” lo premiarán, pero sino, le va a quedar a la medida el sobre nombre de “Pantaleón”. “Pantaleón” es el personaje central de la novela “Pantaleón y la Visitadoras” del escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura. Pantaleón era un militar al que le fue encargada una “misión secreta” en una región casi inhóspita donde los soldados eran denunciados por abusar de las mujeres; los soldados buscaban saciar sus necesidades porque estaban acuartelados en la zona selvática, pero lo hacían a la fuerza. Para revertir esa situación, los altos mandos militares le encomendaron a “Panta” llevar mujeres al cuartel, organizar orgías y poner tarifas; aquellos se convirtió en un negocio (como ocurre en Acayucan). Cuando el asunto se descubrió, el Ejército se lavó las manos y quedó como responsable, perverso y corrupto, el buen “Pantaleón” que sólo cumplía órdenes de sus mandos militares. Ojalá en Acayucan no tengan un “Pantaleón”, que no convierta más los alrededores del palacio en un burdel y que no haga negocios con las prostitutas.

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