Autodefensas en Acayucan

JULIÁN CARRERA.- (1) Era un sábado de finales de los 90’s en el centro de Acayucan. La delincuencia en la ciudad no estaba tan desatada como ahora.

Don Luis tenía ya 72 años de edad y era un ciudadano serio y respetado  en la sociedad. Era uno de los principales promotores de la construcción del estadio de beisbol.

De repente, a su casa de la calle Guerrero entró un sujeto ebrio o drogado, o las dos cosas, con todas las intenciones de robar. El anciano guardaba entre sus recuerdos una potente carabina 30-30 de las que usaban  los revolucionarios y en defensa de su vida, y de su patrimonio, le disparó al intruso y lo mató.

Las autoridades intervinieron, pero a las pocas horas  el ciudadano acayuqueño quedó en libertad. Se comprobó  que actuó en legítima defensa y que el intruso era un pájaro de cuenta; era un consumado delincuente.

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La inseguridad en Acayucan ha rebasado los límites de lo imaginable: han atracado a ciudadanos en restaurantes del primer cuadro de la ciudad y los  ladrones descarados han salido huyendo por el parque Juárez haciendo disparos. Han atracado el negocio de carnicería que se encuentra en contra esquina con la Iglesia de San Martín Obispo, y desde el día que hicieron su “arribo triunfal” los ladrones, cuando menos una empleada sufre de estrés post traumático.

El consultorio médico de un prestigiado internista, en la calle Ocampo, permanece abierto, pero, irónicamente, cerrado bajo llave; cada que llega algún paciente los cerrojos se abren y con la misma se vuelven a trancar. Como antecedente tenemos que la clínica Medisur ha sido atracada varias veces y que frente a la misma llovieron plomazos para despojar de fuerte cantidad de dinero a una oluteca comisionista de la CFE.

Los primeros visos de que “algo” estaba pasando en Acayucan se dieron cuando en una casa ubicada cerca del  retén de la Policía Federal de Caminos, allá por el rumbo de La Salle, en el segundo piso colocaron un muñeco disfrazado de soldados con un arma en la mano; el monigote era para asustar a los ladrones. Aunque no se sabe si la estrategia funcionó.

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Pero tanto va el cántaro al agua, hasta que se rompe.

La paciencia se terminó. El pueblo se cansó; los comerciantes reventaron. Los acayuqueños parecen decir que están hasta la madre, con el respeto que se merecen todas las madrecitas.

Los grupos organizados de autodefensas aquí están. Son cuando menos cuatro legalmente constituidos como Asociaciones Civiles, coordinados con las autoridades estatales y federales.

No son esos grupos de “panchudos” como los de Tecuanapa o los de Vista Hermosa que salen de la noche a la mañana e instalan retenes y la quieren hacer de policías encapuchados.

No. En Acayucan la cosa está planeada, organizada, coordinada.

Este reportero tiene testimonio de que los comerciantes y empresarios, ganaderos e incluso médicos de Acayucan y la región, se han tenido que reunir subrepticiamente para defender a sus familias y sus patrimonios. Hay incluso un grupo formado ante Notario Público y debe haber una escritura en el Registro Público de la Propiedad.

Hay un testimonio.

“Pero no se trata de autodefensas improvisadas: no, los empresarios se han asesorado con la Secretaría de la defensa Nacional, con la Marina y con otras dependencias y sus guardias, vigilantes o escoltas son personas preparadas que antes de empuñar las armas son adiestrados por personal capacitado”.

Uno de los grupos en Acayucan tiene, cuando menos, tres años operando y se ha ido extendiendo a nivel regional; se reúnen periódicamente, acuerdan, dan sus aportaciones económicas para el mantenimiento del grupo y se le han unido ciudadanos de Sayula de Alemán, Texistepec y Jesús Carranza.

Un testimonio va más allá:

“A los vigilantes se les adiestra en campos de tiro…hay coordinación con las autoridades…”.

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Pero qué necesidad, diría Juan Gabriel.

El  Acayucan de antaño era diferente. Delincuentes siempre los ha habido, pero eran delincuentes comunes a los que la policía tenía identificados y los atrapaba. La inseguridad siempre ha existido, lo que nos está hundiendo a los mexicanos es la impunidad, porque el que roba o mata rara vez se le detiene.

No hay prevención del delito en la región de Acayucan, porque si las policías municipales detienen a un chamaco inhalando thíner o fumando mariguana, lo liberan tras el pago de una multa, sin buscar al que le vendió el thíner o al mariguana. Un chamaco que un día se roba un dulce, al día siguiente va a intentar robarse un kilogramo de azúcar,  luego va a querer asaltar la tienda de abarrotes y luego va aspirar a asaltar un banco. Así es la cadena delictiva. El delincuente cada día se vuelve más cínico.

Hay testimonios de que grupos de ganaderos de Acayucan se hacían la “coperacha” para comprarles víveres a los del Ejército o la Marina para que no se fueran de la ciudad.  Fueron medidas desesperadas de ciudadanos afectados gravemente por la delincuencia.

En Oluta, a  un rico ganadero le secuestraron tres veces a un integrante de su familia y mejor se optó por traer una guardia permanente de militares.

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La noche del viernes se comprobó que los comerciantes acayuqueños están dispuestos a defenderse.

Oportunamente se informó que un presunto delincuente cayó muerto tras un violento atraca a un establecimiento de gasolinería ubicado en la carretera Costera del Golfo. Ese negocio ha sido “visitado” varias veces por los ladrones, pero ahora sí el vigilante tuvo que responder a balazos.

En ese negocio ya hay guardias capacitados y con licencia para portar armas. Los empresarios han tenido que defenderse porque han sido víctimas de asaltos, secuestros y extorsiones.

Las autoridades, como siempre, guardan hermetismo en torno al asunto; sólo se sabe que un guardia disparo y abatió al presunto delincuente que era empleado de una molestosa cantina ubicada en la entrada a Oluta. No se sabe si al guardia se le va a sancionar o si todo está en regla, pero eso le corresponde a las autoridades…a nosotros nos corresponde decir e informar a tiempo que los acayuqueños  dueños de esas empresas tuvieron que tomar esa opción…y que no son los únicos.

El día que cesen los atracos, que cese la inseguridad, ese día seguramente se suprimirá a los guardias armados.

Ojalá sea pronto.

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