“CONTRA VERACRUZ NUNCA TENDREMOS RAZON”

Joel Vargas.- Veracruz, uno de los Estados mártires del Golfo de México, uno de los mas bien dotados por la naturaleza, sí registra en su historia luminosa ejemplos de buen gobierno. No todo ha sido podredumbre como en los años recientes donde los paradigmas están muertos o, tal vez, en una especie de hibernación depuracionista para más adelante hacer aparecer las luces del bien, propiciando su desarrollo integral sin propósito mezquinos de perpetuidad, haciendo del poder y sus efectos la más brutal de sus acciones. No se ha dado para Veracruz en sus últimos tiempos un gobierno sensible e inteligente que se dedique a gobernar. Todos los protagonistas buscan la perpetuidad. El poder para siempre.

Un ejemplo histórico inmortal es Don Fernando López Arias, se dedicó a gobernar con pasión y acendrado veracruzanismo.  Su origen modesto, nacido en la parte alta del Río Coatzacoalcos, en las márgenes impetuosas de este río centenario, que era la única vía de comunicación, templó su carácter, despertó sus inquietudes por su educación y se elevó a las alturas de la buena política. Su educación básica la realizó alternativamente entre Jáltipan, residencia familiar urbana, y la ciudad de Orizaba. Su educación media superior y universitaria en México, donde fue compañero de aula en la facultad de derecho, de Adolfo López Mateos, quien llegó a ser Presidente de la República.

López Arias fue un consumado orador, de cuando los políticos sabían expresar buenos discursos sin ser demagogos. Tenía formación retórica y entraba fácil al uso de la dialéctica si era necesario, ante un auditorio de calidad y exigente; pero también descendía con facilidad al lenguaje campirano para comunicarse con los trabajadores rurales, en su gran mayoría analfabetas.

López Arias fue nombrado Procurador General de la República por el Presidente López Mateos y de esa posición importante se desprende, después de cumplir tareas jurídicas delicadas, para hacerse cargo del gobierno de Veracruz, después de cumplir con los ritos electorales de su tiempo. No desperdició ni un día de su fructifico gobierno enredándose en embrollos dedálicos falsos, inciertos o barnizados de sadismo para satisfacer egocentrismos agobiantes. Un gobierno que solamente se instala para erigir acciones estériles, poco bien puede hacer a la sociedad.

Veracruz se desarrollaba positivamente todos los días. Conformó un equipo de jóvenes funcionarios con asignaciones delicadas y muy precisas. Fue estricto. No admitía fallas. Detestable los incumplimientos y el engaño contumaz a los veracruzanos. Y fue contundente cuando dijo: “Prefiero a un joven funcionario que se equivoque por joven y no un viejo que se equivoque por mañoso”.  Los jóvenes peñistas del PRI que desempeñaron cargos importantes, los que huyen, los que se amparan o están en la cárcel, fallaron al país en grande. No midieron la extensión de la pobreza con los saqueos que aplicaban al país sin piedad. Fueron jóvenes funcionarios que nacieron y se desarrollaron en la corrupción.

En el caso concreto de Veracruz la pesadumbre es inmensa. Parece que Sísifo se instaló en la grandeza de nuestra patria chica y que sus funcionarios ruedan en verticalidad indetenible cargando los mismos delitos. Pobre Veracruz con un gobierno que pierde el enfoque vital para adecentar la política y todas las acciones que convergen en la explotación de sus bienes para felicidad de su pueblo.

Don Fernando impulsó dos acciones de inevitable progreso: la educación básica y los caminos rurales. Fundó escuelas de doce aulas en muchas poblaciones del sur. Atendió preeminentemente las zonas serranas. Construyó caminos de entronque para alcanzar las comunidades más remotas. Edificó la moderna Escuela Normal Veracruzana, en su tiempo la mejor y más funcional de América Latina. Impulsó el campo y la ganadería y su gobierno estaba más en los pueblos que en la comodidad de palacio xalapeño, punto neurálgico del poder.

Si a partir de aquella época nunca se hubiera detenido la marcha constructiva, nuestro Estado tuviera otra visión del poder y del progreso. Don Fernando dejó para la historia: “Veracruz es primero, contra Veracruz nunca tendremos razón”, su apotegma pletórico de luz radiante para iluminar el camino de los ciegos y los ladrones en el poder.

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