DEMOCRACIA SIMULATIVA Y DE BAJO

Ni los griegos que inventaron la democracia la practicaron con sentido de puridad, por la razón no tan sencilla, que en la naturaleza cósmica no existe la perfección, sino el afán permanente de la perfectabilidad. La democracia perfecta no existe, jamás existirá pero, por lo que concierne a México, en el ámbito político, los mexicanos han sufrido por décadas una distorsión monstruosa de la democracia. Se impulsó con Carlos Sansores, líder del PRI nacional, la democracia transparente; esto es, una democracia depositada en urnas de cristal. Existió siempre la democracia dirigida, el pueblo ignorante con derecho a votar debía de ser conducido de la mano a votar pero no a elegir.

No han mejorado las cuestiones políticas, han pasado varios sexenios y el grupo gobernante, que son producto de la antidemocracia, han desarrollado con éxito una democracia sorda en donde los rectores prostituidos y las instituciones violadas perdieron fatalmente sus percepciones auditivas. No se escucha al pueblo, sus reclamos, sus angustias y su importante derecho a decidir su destino político y de gobierno. Efectivamente hay una mafia del poder, son muy pocos los priistas de alto nivel que lucharán con todo para afianzarse en un escenario espurio. Se contemplan los resplandores de una democracia diferente, realista y justa e imperfecta si se quiere, pero que sea la democracia del pueblo.

Se acerca una confrontación brutal, la plutocracia forrada con muchos miles de millones de dólares y el pueblo pobre y hambriento. A favor de los ricos las fuerzas armadas de todo tipo. Hay un debate en su apogeo con la ley de Seguridad Interior, que no es otra cosa que una acción preventiva para aplastar al pueblo inconforme y tal como se erigió Felipe Calderón ante la sangre proletaria: “Que se riegue toda la sangre posible, menos una gota de su propia sangre”. Y la herencia PRIANICA está de pie. El presidente Peña no se prepara para enarbolar libremente el gran valor de la auténtica democracia y entregar el poder en buena lid. Se alista con fauces y garras sanguinarias a prolongar la mafia del poder, como si México fuera propiedad de unos cuantos ladrones.

A los mexicanos se nos ha conducido con sofismas, esto es, tratar de demostrar las verdades con mentiras, haciendo uso de una ética sofista para engañar al pueblo. Los sofistas tenían ciertas afinidades con Los Cínicos, grupo de filósofos griegos fundado por Antístines, que iban siempre en contra de lo socialmente aceptable. Pareciera que nos gobernaran una mafia de cínicos o de sofistas, si se prefiere. Mientras Sócrates propendía a la verdad, a la virtud y a la perfección, Protágoras, el sofista mayor, decía que la verdad objetiva no tenía existencia; que las leyes morales objetivas tampoco existían, no obstante de pregonar que “el hombre es la medida de todas las cosas.

El señor Peña Nieto y su pequeño grupo de cínicos mafiosos configuran cierto perfil sofista, quienes se conducían ejerciendo cinco principios básicos: Había que aprender a ser algo. Había que ser el primero. Adquirir influencia y conservarla. Imponerse. Dominar la vida y gozar de ella. Los sofistas eran capaces de aprobar las cosas más absurdas, igual que como sucede hoy en el país, donde se privatiza todo lo de valor, donde se asesina y se violenta la paz, donde se niega la democracia para imponerse, donde sólo ellos disfrutan la vida.

Y no es que para que haya democracia debe perder el PRI las próximas elecciones federales. No, pero el presidente como “fiel de la balanza” debe propiciar patrióticamente el respeto al voto, la funcionalidad limpia y legalmente de las instituciones que califican las elecciones. Hacer política de avestruz enterrando la cabeza y dejando la cola de fuera ya no funciona. Hay que dar la cara y responder a los desaciertos y a los escandalosos saqueos. El pueblo busca la claridad de la patria. La patria es primero, diría Vicente Guerrero. Patria o muerte, expresaría Fidel Castro. Por el bien de todos, primero los pobres, advierte López Obrador.

Hace años se decidió que México debería tener una democracia de escaso desarrollo. Una democracia de bajo perfil, que sería en los hechos, disfuncional y simulativa. Se avizora el torrente potencializado de inconformidades acumulada por años. No ignoremos, a la docena de poderosos que saquean al país les interesa mantener la línea de la pobreza que sufren los mexicanos para manipularla. Claro que ellos mienten con los millones de empleo que dicen. Con el PIB. Con el desarrollo del país. Para ellos, para los espurios, Peña es el nom plus ultra de la sabiduría y México es un país edénico. Falso.

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