DIGNIFICACION DE LA POLITICA

La política es una de las ciencias más humanas y debiera seguir siendo así en todo momento. Es también una ciencia de las más dinámicas, pues va cambiando a tono con la evolución de la sociedad. No todo el saber humano posee el rango de ciencia; la ciencia debe cumplir con seis características: Exactitud, rigor, universalidad, solidez, necesidad y sistematización. Se podría decir que la política no es exacta que no se mide por puntos o ángulos equidistantes y que es innegablemente asimétrica. Y es que la política como la filosofía se  somete a sus propias metodologías.

La política también es arte. El ser humano todos los días produce algo, pero no todo lo que concita acción puede llamarse arte. Arte es la más bella expresión humana, por tanto, la política y el político deben tener expresiones de trascendental belleza, esto es, un rostro alegre y atractivo, dicciones amables plenas de cordialidad, un lenguaje facial adecuado a su rango de vinculación social. Debe poseer como belleza inevitable el rango supremo de la generosidad que concede al político la felicidad en el desarrollo de sus tareas profundamente humanas.

Un político seco, árido, de lenguaje filoso, despreciativo, infuloso, egocéntrico, rata, dipsómano e ignorante de la ciencia política, puede ser cualquier cosa menos político. La política es la ciencia que trata de conducir a los grupos humanos a estadios de mayor y mejor convivencia. La actividad política no es para chambistas, para desempleados que andan soportando el peso del hambre o de la pobreza. Claro que no. El político debe ostentar suficiente dosis de vocación social. Si busca riqueza debe volverse empresario. Si quiere riqueza abundante que juegue a la lotería o que asalte un banco. Lo que no debe dañar nunca son las arcas financieras de la nación.

Los políticos actuales, desde la presidencia de la República hasta una simple Agencia Municipal, con esa verticalidad invariable, son ladrones, saqueadores, demagogos e ignorantes del valor del ejercicio del poder. No se concentran mentalmente en su trabajo que deben tener a favor del pueblo. Están en el poder para medrar. Son grotescos y han manchado la dignidad de la política. Un político debe disponer de cierto grado de cultura, pragmática o académica, pero al fin cultura. Vivir una política comparada y conocer historias de buena política.

Recuerdo aquí a ese gran político y patriota español, Adolfo Suárez, quien fue nombrado presidente de España inmediatamente después de la muerte del dictador Francisco Franco, quien estuvo en el poder cuarenta años, conservando bajo las cenizas el símbolo monárquico de los españoles. Don Adolfo estuvo en el poder cuatro años y en ese tiempo pudo unificar todos los grupos y corrientes políticas de España, incluyendo el Partido Comunista Español. La historia se sabe, Franco fue un dictador sanguinario. Muchos intelectuales huyeron de España para no morir. Niños españoles fueron recibidos por Lázaro Cárdenas con todo tipo de ayuda. Se hicieron mexicanos agradecidos.

Muchos intelectuales se refugiaron en México y se incorporaron como docentes en los centros de alta cultura. Recuerdo a don Indalecio Prieto, quien desde las páginas de la reviste Siempre! le decía: “Tente allá porque apestas, ni siquiera las brisas oceánicas han podido disipar tamaña pestilencia”. Franco seguirá siendo la historia negra de España. Dejó una patria destrozada, sin rumbo, sin planes precisos. Entonces lo primero era buscar la unidad.

Don Adolfo Suárez hizo el milagro de unificar a toda la España postfranquista. Hizo dos clases de política fundamentalmente: política económica y política electoral, articulando las instituciones que regeneraron la España actual. Después de este patriótico trabajo se fue a su casa y nunca más intervino en la política de su patria. En México nos hace falta un Adolfo Suárez y enviar al exilo a los expresidentes que no dejan en paz al pueblo mexicano. Y a muchos

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