EL EJERCITO DEBE PROTEGER AL PUEBLO

El soldado mexicano se educa para matar. Para aniquilar, para abatir al enemigo, dicen sus cánones. No puede esperarse de un soldado un lejano signo de compasión. Están mutilados de sus sentimientos de nobleza. No existe en ellos la piedad y la misericordia. Es posible que tengan una divisa: si no matas te matan. No están formados para perseguir delincuentes y presentarlos al Ministerio Público. No es ese su trabajo humanitario porque su sentido humanista ha desaparecido. Su instrucción, su formación está ligado a la muerte. La orden de disparar se les hace ley y si hay que hacerlo en contra de una multitud inerme, así se hará.

El Ejercito es una institución jerárquica, cuya máxima responsabilidad la tiene el presidente de la República. Y los mandos descienden y se relevan por grados hasta llegar al Cabo, al Sargento Segundo, Sargento Primero. Hasta ahí la responsabilidad de lo que hagan los militares rasos, a quienes les han extirpado el razonamiento, son autómatas, obedecer y callar parecen ser las reglas de su comportamiento. No ven ni valoran los crímenes inauditos. No escuchan lamentos, suplicios y ruegos de los desvalidos que yacen inmovilizados por las balas. Para los soldados rematar a un moribundo o muchos, forma parte de sus óptimos deberes cumplidos.

Se preparan conscientemente para no fallar a la hora de cegar una vida o muchas. Poseen campos de entrenamiento para sus ejercicios físicos, prácticas de tiro con siluetas simuladoras. Diariamente reciben fortalecimientos psicológicos para endurecer los temperamentos, para no rajarse a la hora buena de los disparos. Los huevos achicados, los desvalorados, no sirven para la milicia brava. Su energía mental debe ser enorme imbuidas de patriotismo, porque ellos deben sentir que están salvando a la patria, como lo sintieron en su momento Díaz Ordaz, López Portillo, Echeverría y Salinas. Murieron muchos pero se mantuvo enhiesta “la democracia perfecta” que hoy ha parido muchos millonarios.

Existen militares de élite, por supuesto. Sicarios para misiones especiales, aunque a los pocos días otros especiales acaben con ellos, ya se sabe que el mejor testigo es el testigo muerto. Otra cosa es la tropa abigarrada en grupos, son los que forman la primera línea en combates formales y aún antes que ellos van por delante los conscriptos y los reservistas que son incorporados sin entrenamiento, algunos ya viejones que solamente van a la muerte.

Hace décadas el General Miguel Idígoras Fuentes, presidente de Guatemala creó un conflicto armado internacional, al ordenar el ametrallamiento de barcos pesqueros mexicanos, según el mofletudo general, en aguas de su país. Vimos entonces pasar miles de soldados mexicanos rumbo a la frontera sur a castigar con las armas al pequeño país centroamericano. El asunto se puso complejo pero no pasó a más, funcionó la diplomacia de la sumisión. Nuestros aguiluchos fueron muy aplaudidos a su regreso en todo el trayecto. No se disparó un solo tiro pero iban dispuestos a vencer o morir, aunque muchos caricaturistas afirmaron esa vez que no necesitábamos tanto, con tres patrullas y un centenar de conscriptos hubiéramos puesto de rodillas a los guatemaltecos.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, enfrenta un conflicto social con visos de anarquía, con una oposición que parece rememorar la divisa de libertad. Nadie duda que tras los líderes están los intereses del imperio gringo, cuyos agentes encubiertos trabajan para apoderarse de los grandes recursos naturales de la patria de Bolívar. Venezuela posee las más grandes reservas de petróleo del mundo, agua dulce abundante, minerales y bosques inexplotados. Los sectores que defienden Venezuela son muchos y también parece que los guía el grito de libertad de los cubanos: “Patria o muerte”.

Anastasio Somoza, fue un feroz y sanguinario dictador de Nicaragua. Por muchos años se mantuvo en el poder encarcelando y asesinado a su pueblo, hasta que los revolucionarios lo echaron para ultimarlo en un país extranjero con una certera basuca. Su Ejército y sus comandantes eran unos vil carniceros, entre preguntas y respuestas, las sesiones psicológicas para los cadetes se daba al inicio y al término así:

¿Qué son ustedes? ¡Tigres!
¿De qué se alimentan los tigres? ¡De sangre!
¿De quién es la sangre? ¡Del pueblo!

Es obvio entender que los cadetes se creían tigres y que estaban listos para beberse la sangre del pueblo inerme.

Don Jesús Reyes Heroles siempre afirmó que los soldados del Ejército son el pueblo pobre armado. Los soldados rasos son los más pobres de la sociedad. Son los marginados, el pueblo con hambre; a la vez son los de menos escolaridad. Un rico nunca será soldado raso. Si acaso la clase media estudia en el Colegio Militar para graduarse de subteniente, pero nunca están en el frente de batalla arriesgando la vida. Aún así nuestros soldados son de recia ferocidad y siempre estarán dispuestos a beberse la sangre del pueblo. Nunca ganarían una guerra a los vecinos, por lo que su misión es aplastar y masacrar a los que protestan en las calles o en la plaza pública. El ejército está listo para matar mexicanos.

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