GENERACIÓN CRUCIFICADA POR LA CORRUPCIÓN.

Dice el presidente Peña Nieto, el gran capitán de los mexicanos, que en veinte años México podría convertirse en un gran país cuyo desarrollo lo incorporaría a nivel de las grandes potencias, esto, si las reformas implementadas logran alcanzar sus objetivos concretos, sobre todo la reforma energética. Sabe el presidente, aunque sus asistentes le coloquen lentes ahumados para no ver la pobreza, el desempleo y la inseguridad, que el presente nacional es de enorme desencanto social. Que el hambre ronda los hogares y que la anarquía invade las carteras y el desarrollo empresarial.

El presidente le apuesta al futuro. Asegura que nuestro futuro es incierto, entonces a partir de una lógica simplista el presidente le apuesta a lo incierto. Afirma que sabe hacia dónde se dirige y cuál es su destino como presidente frente a la nación. El pueblo vive un presente inefable, sin explicaciones claras y prácticamente los mexicanos perciben que su futuro, con los actuales gobernantes cuya cabeza es Peña Nieto, está muerto.

Sería muy bueno que México dentro de veinte años se convierta en un país de grandes potencialidades que puedan ser explotadas para beneficio de todos los mexicanos y que la pobreza sea erradicada. Todo es un enigma, pues las compañías extranjeras que ya están operando en aguas del golfo de México, y otras en la plataforma continental mexicana, llegaron como aves de rapiña, como vil saqueadoras de los recursos naturales ajenos. Tal vez se lleven, que comercialicen, mucho de estas reservas sobre todo de las no renovables y que dentro de dos décadas solo le queden a México hoyancos y socavones, que es lo único que pueden hacer bien los sabios que conducen este gran país.

Dentro de veinte años y suponiendo que no hayan engañado al presidente, en lugar de veinte sean treinta o que nunca alcancemos nuestro desarrollo; entonces estaríamos peor que hoy: sin petróleo, sin bosques, sin agua dulce, sin minerales básicos, sin ganadería fuerte, con terrenos envenenados. Sería un erial, un país moribundo con más hambre que ahora a menos que se alcanzara una industrialización integral comprando recursos ajenos a precios que se nos quiera imponer. Entregar el país como se está haciendo, por supuesto que genera incertidumbre. Que nuestra política reformista es fatalmente incierta.

Entretanto, en las cámaras legislativas se desataron las ambiciones, las razones o los tropezones con la antigua unidad monolítica. El poder legislativo esta convertido en un maremágnum, todos pelean por un pedazo de patria desvencijada. El presidente viaja para cumplir “reuniones de trabajo” en China, pero dejó en México las instrucciones a cumplir a cargo del troglodismo político de un poder que se supone representa los intereses del pueblo que observa silencioso.

En veinte años dice el querubín mexiquense seremos felices viviendo en un país desarrollado del primer mundo. Los mexicanos que hoy tienen cuarenta años, dentro de veinte tendrán sesenta. Los que ahora tienen sesenta dentro de veinte tendrán ochenta. Y los que hoy tienen ochenta dentro veinte serán difuntos. Si, efectivamente, el presidente millonario, con los gobernantes millonarios, con los legisladores millonarios, con los empresarios millonarios que ha enriquecido el poder de la mafia, están ofreciendo a los pobres mexicanos más pobreza, mayor sacrificio; lo que ofrecía Churchill a sus patriotas que luchaban por la libertad en Inglaterra: sangre, dolor y lágrimas.

Acá, a los mexicanos se nos ofrece lo incierto envuelto en una incertidumbre total. Navegamos enceguecidos en la peor tormenta; aun así, los huesólogos no quieren soltar los requicios de un país sin rumbo, sin entrella polar, sin horizontes luminosos. Los rabiosos de la mafia quisieran muerto a López Obrador, nunca se deben conocer las entrañas nauseabundas que han provocado los malos mexicanos. México está vendido hace años. Debe saberse hasta donde se ha entregado.

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