¡Llegó la hora!

Ángel Gabriel Fernández

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“¡Me niego a admitir el fin del hombre!….todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra…”: Gabriel García Márquez.

 

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Estamos a unas horas de una nueva jornada electoral, importante trascendental, decisiva para la vida de los veracruzanos. Elegiremos en las urnas al Gobernador y a los Diputados locales.

Muchos dirán que no irán a votar porque en ello no nos va la vida; que les vale, que no les interesa ir a que les manchen el dedo. No está en juego, quizá, nuestra vida, pero sí el bienestar de nuestros hijos y nietos. Si no ejercemos el derecho ciudadano de votar, no lloremos como mujeres lo que no sabemos defender como hombres, no andemos después de gritones pidiendo justicia,  educación, salud, alimentos, agua potable y otros beneficios sociales si no los reclamamos con nuestro sufragio.  Hay que ir a votar ahora con la premisa de que así como somos capaces de llevar a los políticos al poder, también somos capaces de destronarlos. Un candidato a diputado local por el distrito de Acayucan lo dijo claro en su campaña: “si a los profesores nos evalúan, también que evalúen a los políticos”.

Si la sociedad no se une en un día de elecciones para elegir a la mejor opción política, estaremos condenados a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez solitarios. Nadie nos escuchará.

Mañana 5 de junio puede ser el día de inicio de una etapa para mejorar Veracruz, hay que hacerlo por nuestra tierra. Nunca es demasiado tarde.
Londres necesitó 300 años para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

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Ayer hubo una marcha por la paz en Acayucan; fue el preámbulo exacto para lo que se aspira tener este domingo 5 de junio: paz.

Todos los seres humanos somos diferentes, pero nos unen deseos comunes: paz, tranquilidad. Seguridad, empleos y otros benefactores. Para ello tenemos que elegir bien, ya no estamos en posibilidad de equivocarnos: hay que buscar la honestidad, la experiencia y las ganas de trabajar de los políticos… Más sabe el diablo por viejo, dicen, así que la experiencia es importante.

A Veracruz le ha ido mal en algunos momentos, pero somos los jarochos estoicos, luchones; tenemos la legítima aspiración de mejorar.

Lo dijo ayer mi amiga Nereida Rodríguez Orozco destacada investigadora de la UV —hija del extinto profesor Salvador Rodríguez Orozco, víctima de la barbarie en Veracruz-_ “a un pueblo no lo hace grande su territorio, sino su gente y cómo se levanta de sus tragedias”.

En Veracruz, ante la inseguridad, ante todo, nos queda la vida, respondemos siempre con vida,

La violencia y el dolor desmesurados que viven los veracruzanos, no tiene por qué ser endémica, por qué no tener fin. Un candidato a Gobernador se comprometió a traer, desde el mismo primero de enero de diciembre cuando tome posesión, a la Gendarmería Nacional para hacer frente a la delincuencia. Un candidato a diputado local por Acayucan en su plan de trabajo, asentó que esa será también su prioridad.

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Frente a la inseguridad, el saqueo y el abandono social, nuestra respuesta es la esperanza. Tengamos esperanza en esos políticos críticos del sistema, en esos jóvenes con experiencia en gobernar y en administrar.

A los veracruzanos no nos doblega ni el intenso calor, ni las inundaciones, ni los temblores; ni nos espantan los políticos perversos y los deseosos de que estas elecciones terminen en violencia; no hay que tenernos miedo a aquellos que quieren “reventar la elección”. Los que queremos paz somos más que los que sudan odio y venganza. Siempre gana lo bueno contra lo malo; la vida contra la muerte siempre gana, por eso cada día seguirán naciendo más bebés hermosos veracruzanos; siempre prevalecerá la vida, por eso hay  más mujeres embarazadas que enfermos de cáncer o de Sida.

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Que no nos espanten los agoreros de la violencia. Si salimos a votar en paz, seguiremos teniendo en Veracruz un rinconcito donde hagan su nido las olas del mar…un lugar para reír y cantar.

Si hemos esperado con ansias que llegue el 5 de junio para que mejoremos Veracruz, duerma con su credencial de elector en la cabecera; los ciudadanos cumplamos nuestro deber, que los políticos hagan su trabajo y que los árbitros de la elección califiquen bien.

Que Veracruz siga exportando bellas mujeres, mariscos frescos y mucho petróleo, pero que no lo conozcan por sus tamales electorales.

ASÍ SEA.

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