LOS RICOS CREEN QUE TODOS SON RICOS

Cuando el paquidérmico Fox viajaba al extranjero para celebrar reuniones internacionales de trabajo, muchos millones de mexicanos comentaban que era mejor para el país que se quedara por allá mucho tiempo, pues los asuntos nacionales marchaban mejor sin su desagradable presencia. Acostumbraba, además, hacer muchas declaraciones importantes lejos de México para no tener que enfrentar los problemas domésticos aquí donde estaban dañando a la nación. Ejerció ciego y sordo, siempre con su hipócrita máscara cleptomaníaca sin explicar dónde quedaron las plusvalías de la alta producción petrolera.

El país vive una situación similar en estos momentos de graves encrucijadas en que habrán de definirse destinos patrios. El colectivo nacional percibe que el presidente Peña ha agotado sus posibilidades de culminar con un gobierno exitoso y de amplios beneficios para los mexicanos. Se queja que muchos compatriotas hacen bullying a las instituciones, lo que, por supuesto, no es cierto, las instituciones que constituyen con su fuerza la vitalidad de la república están incólumes. Los que están débiles, exhaustos, ligeros de manos y de uñas y huecos del cerebro, son los que se dicen representar las instituciones.

La fuerte estructura de la nación trabaja con una resistencia indomable, de tal forma que pueden funcionar con eficacia sin ningún titular. Se han consumido varias semanas en la burocracia mayor sin Procurador General de la República, simplemente un encargado del despacho que está desempeñándose mejor que el que causó baja o se fue a un remanso de reflexión espiritual a expiar pecados cometidos en contra de la nación. Se tienen también muchos días, semanas, en el que el país está tratando los asuntos delicados sin que existan titulares de las distintas fiscalías de la sociedad nacional.

Nadie duda que el país pudiera resolver todos los asuntos delicados e impostergables con sólo cien diputados en lugar de quinientos que no hacen absolutamente nada, pues se dio a conocer que el presupuesto de egresos de la nación se aprobó en menos de tres minutos y que muy pocos legisladores leyeron su contenido tan importante, pues se trata de gastar adecuadamente las contribuciones de los mexicanos. Es posible que el país funcione mejor sin el titular de la presidencia de la República, pues para cumplir cabalmente se le están asignando más de mil millones de pesos para asesorías, imagen, coordinaciones, difusión y apoyo técnico de sus actividades. Si los que gobiernan son las distintas asesorías, ¿quién gobierna entonces?

Entre muchas virtudes y capacidades todo profesionista debe poseer tres fundamentales: conocimiento, método y personalidad, con mayor pronunciamiento los que están dedicados al ejercicio político. ¿En qué rama de la sabiduría es fuerte el presidente Peña Nieto?, ¿cuál será su metodología para alcanzar las metas de su delicado cargo?, ¿su personalidad posee una aureola de exaltación que refulge en forma natural?. Es un presidente pequeño, como lo fue Salinas y Calderón. En reuniones de magnates del poder nos recuerdan a los pigmeos tribales africanos. Se tuvo un panista patagón pero vacío. Un cascarón mediocre.

Los insignes legisladores se asignaron un megabono de muchos miles de pesos que ya sumados importan cuantiosos millones, como si la patria estuviera rebosante de riquezas y la pobreza y el hambre fueran asuntos de otros mundos. Los magistrados se registran en egresos para el 2018 una tabulación salarial de seiscientos cincuenta mil pesos mensuales cada uno. Antes, cuando Salinas era presidente disponía de muchos millones de pesos anuales que se llamaba “partida secreta”.  A los mexicanos que no pertenecen a la burocracia y tampoco pertenecen a ninguna empresa que les permita un estímulo económico es posible que les den un megabono de chile jalapeño o un megabono de camote poblano.

Muchos mexicanos quisieran que esta pesadilla sexenal se termine cuanto antes. Por las circunstancias que se viven no se espera ya ninguna mejoría de carácter social. Y están en la cárcel, en el banquillo de los acusados o en la sombra cómplice de la impunidad, los siguientes virreyes que quisieron tragarse la patria: Javier Duarte, de Veracruz; Humberto Moreira, de Coahuila; Rodrigo Medina, de Nuevo León; Roberto Borge, de Quintana Roo; Egidio Torres, de Tamaulipas; Guillermo Padrés, de Sonora; Jorge Herrera, de Nayarit; César Duarte de Chihuahua, etc., etc.

¡Pobre México con tantas pirañas en el poder!

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