EL MARTIRIO NACIONAL DE LA PATRIA

Estamos viviendo el mes patrio, tan pletórico de historia, de hombres valientes, de valores profundos, de anécdotas temerarias y de recuerdos imborrables. Se cumplen 207 años de un movimiento popular extremo protagonizado por la chusma proletaria que se ha dado en llamar Guerra de Independencia, al tener como finalidad principal separar a la Nueva España de la monarquía española. Habían transcurrido más de trescientos años a partir de que Hernán Cortés esclavizara a los nativos destruyendo el gran poder de los Aztecas y toda la inmensa cultura que habían creado los sabios autóctonos.

Cuando los aventureros españoles pudieron llegar al centro del todopoderoso imperio Azteca, quedaron admirados de los avances de su civilización y de su sistema de gobierno, sus ejércitos defensores y su educación clasificada por castas, donde se formaban gobernantes y guerreros. Toda una confederación de pueblos indígenas controlados y sometidos por la fuerza guerrera del imperio, que eran tributarios esclavizados para el sostén de sus tlatoanis y su corte. Desde entonces ya había en México elitismo.

Después de dos siglos algunas cosas han cambiado, otras no. Siguen habiendo tlatoanis. Existe una corte imperial no obstante que nos han hecho creer que vivimos una democracia. Sobrevive un lumpen potencializado, esto es, la clase proletaria o el pobrerío existencial. Tenemos una educación elitista en función de la élite del dinero. Vivimos una especie de monarquía. La mayoría tributamos para sostenerla. Aún practicamos la antropofagia. Nos aficionan los desmembramientos y nos atrae la sangre púrpura de las víctimas. Se sacrifican doncellas para complacer a los dioses sanguinarios. Disfrutamos una corte real con maquillistas de lujo para exaltar la belleza de los seleccionados por Dios. En fin…

Hidalgo y los demás patriotas que lucharon por la independencia siempre supieron que morirían en sus propósitos. Nunca dudaron en ofrendar sus vidas. En epígrafes de fe y de valor nos dejaron su historia de valentía marcada con afanes sin retroceso. Hidalgo: “No hay más remedio que ir a coger gachupines”. Morelos: “Es preferible la muerte a ser esclavo, la libertad bien puede comprarse con la vida”. Vicente Guerrero: “La patria es primero”. Nicolás Bravo: “Amo mucho a mi padre, pero no renunciare a mi lucha”.

Juárez: “Entre las naciones como entre los individuos, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Lerdo: “Ahora o nunca señor presidente”. Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Francisco I. Madero: “Democracia y justicia social”. Emiliano Zapata: “Tierra y Libertad”. Vicente Fox: “Se vende México”. Calderón: “Se sigue vendiendo México”. Peña Nieto: “Se remata México”.

En el gobierno del rey Felipe se dieron en México 120 mil asesinatos dolosos, miles de desaparecidos y otros miles de desplazados; como la deuda es grande, su esposa tiene que llegar a saldarla. Hasta ayer, en el gobierno de Peña Nieto ha habido 104, 602 asesinatos dolosos, miles de desaparecidos y muchos  de desplazados. En los dos sexenios se acercan  fatalmente a casi un cuarto de millón de muertos, sin que tengamos ninguna guerra declarada. Simplemente el país se salió de cauce por falta de inteligencia política para gobernar.

Por supuesto que no nos gobiernan los mejores mexicanos, sino una aristocracia que forman los bonitos en el poder. Hidalgo y todos los mexicanos que nos dieron patria no eran “huesólogos”, ni pobres, ni hambrientos. Tenían recursos para llevar una vida alegre y feliz, pero eran patriotas y en un ejercicio de empatía sentían el dolor inmenso de los que sufrían toda clase de pobrezas. Ya no hay patriotas. Hay mercenarios del poder.

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