MEDIO SIGLO MÁS DE CORRUPCION MUNICIPAL

Un presidente municipal es el funcionario más cercano al pueblo. Ninguna otra autoridad vive tan estrechamente ligada a los sufrimientos o alegrías de la gente, que el alcalde. La primera autoridad del municipio debe saber de los proyectos comunitarios, de sus servicios públicos como educación, salud, programas sociales o de seguridad. No deben marginarse asuntos tan importantes como la producción sobresaliente de cada una de las comunidades: agrícola, ganadera, pesquera, avícola, etc., para no ignorar la sustentación cotidiana de las personas, esto es, saber de qué viven, como enfrentan los gastos familiares a fin de evaluar los índices de pobreza o de bienestar.

El alcalde debe poseer una especie de radiografía social, saber en qué condiciones se encuentra su jurisdicción geográfica; a partir de ahí, elaborar los programas reales de desarrollo, algunos pueden ser generales, pero en mayor medida deben ser específicos, pues cada comunidad registra proyectos distintos así como diferencias en grados de optimismo y solidaridad homogénea. Es decir, algunas poblaciones son más unidas que otras y trabajan esmeradamente para alcanzar mejores niveles de vida.

El alcalde que no conozca toda la parte urbana y rural del municipio que va a gobernar, será necesariamente mal presidente, pues no se puede gobernar lo que no se conoce. Un presidente municipal no debe de ignorar nada de lo que concierne a su municipio, pues su visión como gobernante dependerá del juicio real que perciben sus sentidos, su imaginación para resolver y su perspicacia para descubrir escenarios de progreso para un auténtico programa de desarrollo.

Llegar al palacio municipal sin saber por dónde empezar, sería grave. Algún ocurrente dijo por ahí que muchos gobernadores y alcaldes hacían política de zopilote, únicamente se la pasaban planeando. Y no debiera ser así, de la planeación debe pasarse a la acción que construyen los hechos. Será prácticamente imposible que un gobernador o un presidente de la República conozcan la geografía rural de todo México, eso corresponde a los 2474 presidentes municipales del país.

 

Ni en sus sueños el presidente nacional podría ubicar los hermosos poblados de Lomas de Sogotegoyo, La Colmena, La Virgen, Las Camelias, Quiamoloapan, Vicente Guerrero, Las Garzas, Tenejapa, El Mixe, Chalchijapan, etc., etc. Sólo recuerdo la visita del presidente López Mateos a San Pedro Soteapan, hecho histórico y relevante, acompañado por don Fernando López Arias, gobernador de Veracruz. Ningún presidente más ha querido enlodarse los zapatos y oler el sudor de hombría de nuestros indígenas que son la más bella expresión humana de nuestra autoctonía. Se sabe que Javier Duarte se fue sin conocer una veintena de municipios veracruzanos. Ni como candidato ni como gobernador le interesó.

Relevar a un presidente municipal deshonesto, atracador y abusivo, es muy fácil; pero substituir a uno más o menos honrado, con un firme sentido del orden, que haya impulsado la obra pública y atendido con esmero renglones tan importantes como la educación, el arte, el deporte y la cultura en general, cuesta trabajo. Para que los efectos de la administración luzcan siempre tendrá que hacerse una obra superior. La gente compara y valora. Aquí en Acayucan se han dado grandes equívocos, alcaldes que se consideran íconos, alucinados que creen haber hecho historia monumental y  sentir que el pueblo los ama, cuando todo es falso.

Otros, anodinos irredentos, que se han pasado las 24 horas de cada día en el palacio municipal, soñando en riquezas y poder, más poder porque se creen merecerlo. Eso son los efectos de un poder que trastorna. Acton nos dijo “Los dioses ciegan a los que quieren perder”. Hay aún una lucha cerrada por el poder municipal que se está dando en tribunales. Y es que la Federación envía millones de pesos mensuales a todos los municipios, así sean los más pequeños como Oteapan, que no tiene congregaciones; Oluta que no pasa de tres o Soconusco con once comunidades. Claro, a muchos les echó tijera Javier Duarte para enviar mil millones de pesos a la campaña de Peña Nieto, según informaciones de la prensa.

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