MORIR EN EL SUR, LA NOVELA

Angel Gabriel Fernández.- (1) Hace casi tres décadas leía el libro “Morir en el Golfo” del escritor mexicano Héctor Aguilar Camín. El libro –llevado posteriormente al cine— trata de un cacique, de un presidente municipal y de un reportero. El cacique, como todos, es un abusivo; el alcalde un ladrón y el reportero es acosado y amenazado por  investigar. La trama ocurre en pueblos del Golfo de México, hay muerte, secuestro, persecución, desaparición y atentado contra la libertad de expresión, pero todo parecido con la realidad de los pueblos veracruzanos, es pura coincidencia.

El libro llegó a mis manos cortesía, oh ironías de la vida, del ingeniero Adolfo Revueltas Gómez, quien fuera director del CBTIS 48 y regidor del Ayuntamiento de Acayucan, mismo que fuera brutalmente asesinado el día 10 de septiembre del año 2014 en su rancho ubicado en el municipio de Oluta. Lo mataron en el Golfo y su muerte sigue impune.

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El género literario del Realismo Mágico implantado por Gabriel García Márquez se identifica por mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común.

El Realismo Mágico se muestra en obras literarias policiacas como “Noticia de un Secuestro” y “Crónica de una Muerte Anunciada”.

En la región sur de Veracruz –que podríamos situar en el Golfo, según la trama de la novela citada al inicio de este artículo—hace años parecía algo irreal que hubiera tanta delincuencia desatada- La gente se moría de vieja o por enfermedad, pero ahora nuestros paisanos se mueren porque los matan a balazos.

Nunca nos imaginamos que en Acayucan iba a haber algún día una morgue atestada de cadáveres. Mal oliente, llena de hombres muchas veces desconocidos que cayeron bajo las balas.  En la serie televisiva “Narcos” producida por una empresa norteamericana y narrada por agentes de la DEA que trabajaron en Colombia combatiendo a Pablo Escobar, se dice en un capítulo que la policía  de Medellín tuvo que construir  un depósito especial para albergar los cadáveres de tantos policías que cayeron en aquellos episodios. En Acayucan, durante los primeros días del mes de diciembre del año 2016, la morgue estuvo llena de cadáveres de sujetos que se enfrentaron a las fuerzas del orden en una comunidad del municipio de Jesús Carranza. Hubo 20 muertos, entre hombres y mujeres por diversos enfrentamientos.

No lo estábamos imaginando, lo estábamos viviendo.

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La añeja tradición de colocar una cruz de madera o una veladora en los lugares donde hay muertos, ya se está perdiendo. O ya no hacen cruces o ya no alcanzan las veladoras o es que hay muchos muertos.

En Acayucan ya ni ponen cruces de madera; durante dos o tres días se ve una cruz de cal y párale contar. Si pusieran cruces de madera, desde ayer tendrían que poner una frente al parque Niños Héroes de la calle Aldama de la colonia Revolución;  ayer, a 5 días de que en ese sitio se efectuará un evento cívico recordando a Juan de la Barrera, Juan Escutia,  Francisco Márquez, Fernando Montes de Oca, Vicente Suárez y Agustín Melgar –los Niños Héroes—a padre e hijo los cosieron a balzos, muriendo el padre.

Otras dos cruces estuvieran en el cruce de las calle Enríquez e Hidalgo del corazón de ciudad, donde el 6 de junio fue acribillada una pareja; la mujer era una joven oluteca.

Una cruz más debía estar en la esquina de las calle Enríquez y 5 de Mayo, donde el día 29 de junio del presente año mataron a un taxista acayuqueño.

Ha habido muertes alrededor del legendario manantial de Temoyo, en talleres, en talacheros, gasolinerías, una masacre en una cantina del barrio San Diego; han caído hombres, mujeres y niños.

México, no tan sólo Acayucan, es un lugar donde nadie puede esconderse: el domingo 9 de julio en el barrio San Diego, fue asesinado a balazos el camarógrafo hondureño Edwin Rivera Paz, quien por amenazas había salido de su país de origen, Hondura. Se refugió en un pueblo del Golfo de México, pero hasta acá lo alcanzó el brazo ejecutor.

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Pareciera que en México, en concreto en el sur de Veracruz, “La Muerte tiene Permiso”, según el novelista sonorense Edmundo Valadez.

Y pareciera que los hechos de violencia se quedan sólo en los periódicos, en versiones literarias. Quedan sólo en expedientes con los que se podría hacer una obra de teatro como “Fuenteovejuna”, la cual se basa en un  hecho histórico que ocurrió en un pueblo cordobés /de Córdoba, España, no de Córdoba, Veracruz) en 1476, en donde un comendador abusa del poder y se comporta como un tirano.

La obra se volvió histórica porque en aquellos hechos donde participaron muchos, no hubo culpables, porque cuando la ley preguntó:

¿Quién mató al Comendador?, el pueblo unido contestó: “Fuenteovejuna señores”.

Estamos ante un “Fuenteovejuna”: no hay culpables.

(5)

La violencia que ocurre en todo México, en Veracruz, en Acayucan, debe quedar asentada en una obra literaria, en una novela cuando menos, porque pueblo que no conoce su historia, tiende a repetirla.

“Se mata la gente/

Pero no las almas/

Mi Patria no cae/

Tropieza o resbala/

Se pone de pie/

Se limpia la cara/.

Contaré esta historia,

Una y mil veces

Contaré esta historia.”.

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