Que nos entierren juntos

Foto: Web

Angel Gabriel Fernández.- “Que nos entierren juntos

En la misma tumba y de ser posible en el mismo cajón”. Gerardo  Reyes

(1)

La historia de vida da para una novela. Se mezcla el clásico casi romántico en que un  reportero pueblerino se roba a una bonita muchacha de una comunidad rural.  Luego vienen los momentos difíciles; persecución por el trabajo reporteril, golpizas, pobreza, aventura, el hijo único, las enfermedades, los huracanes y los terremotos.

Contar la vida de un reportero y un policía con un ama de casa  del sur de Veracruz en estos tiempos, es narrar una vida de incertidumbre en la que una mujer que soporta esas peripecias, merece un reconocimiento.

¡Confórmate mujer!

El poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón describiría  esta historia con las siguientes palabras:

Hemos venido a este valle de lágrimas que abate, tú, como la paloma, para el nido, y yo  como el león para el combate”.

(2)

El 14 de septiembre de 1990, el reportero de la sección  policiaca de un diario local de Acayucan, se “robo” a una muchacha del palacio municipal.  Él era el hijo menor de una familia  oluteca de 10 hijos de los cuales uno murió y 9 viven; ella era la más bonita de la comunidad El Juile del municipio de Sayula de Alemán. Era la joven a la que invitaban a ser madrina de casi todo en el pueblo sobre todo en las fiestas patronales. Delgadita, güerita, con cara bonita. Él a sus 19 años ya se sentía escritor y policía.

La vida los unió y los unió para siempre.

Hasta  hoy llevan juntos 9 mil 855 días;  llevan juntos 236 mil 520 horas.

(3)

Antes del año de vivir juntos, ella  tuvo la primera prueba de lo que es vivir con un reportero: el 19 de noviembre de ese mismo año, 1990, el hombre fue prácticamente secuestrado por policías municipales de Oluta; con él “levantaron” al director del periódico donde laboraban y les propinaron soberana golpiza. Los policías olutecos encabezados por Nemesio Mar andaban como locos. El presidente municipal de Oluta era el buen hombre don Ambrosio Salcedo Ledesma. Los reporteros tuvieron que ser rescatados por el inspector general de la policía municipal de Acayucan Ricardo Romero Vergara y por comandos de Seguridad Pública del Estado y de la Policía Judicial del Estado. El gobernador era Dante Delgado Rannauro y el secretario de gobierno el vecino de San Juan Evangelista Miguel Angel Díaz Pedroza. Tras el secuestro y golpiza a los reporteros, la policía municipal de Oluta desapareció; el comandante y los elementos abandonaron armas y patrullas y se dieron a la fuga. Nada personal, dijeron, “fue una equivocación”.

(4)

Luego vino el hijo único; era un güerito que hoy es un gigante de casi 100 kilos de pesos. Hoy ya hay también un nieto que es la alegría del hogar.

Ella de manera estoica, durante casi 27 años, ha aguantado infidelidades de parte de él, pero ella es una mujer sin mácula, sin  mancha: un  ejemplar de mujer. Una Gema dirían “Los Dandys”.

A él lo loco le brota por los poros: loco ha sido y loco ha seguido siendo: cuando decidieron legalizar su unión, él pasó a bordo de una patrulla, le dijo que se subiera y se fueron para la oficina del Registro Civil.  Los testigos fueron policías uniformados.

(5)

Para seguir viviendo con él, han tenido que padecer la persecución, el acoso como cuando a él lo mantuvieron casi en arraigo domiciliario durante meses hasta que logró el amparo de la justicia federal. A ella la pobreza no le espante porque pobre siempre ha sido, pero en los tiempos difíciles de la economía familiar no le ha dado vergüenza salir a vender tamales o empanadas; a la fecha sigue vendiendo postres y bolis. Ella no vive del cuento: sí, el hombre es periodista, es director de uno de los diarios más importantes del sur de Veracruz, pero ni aspira al poder ni al dinero. Aspira sólo a tener junta a su familia…nació para atender a su familia.

Les ha tocado enfrentar la muerte de seres queridos, de padres y de amigos; han tenido que llorar de impotencia ante la injusticia social, sobre todo.

Aunque es de una piel muy delicada, ella es una mujer fuerte, muy fuerte. Desde hace años ha tenido que lidiar con la enfermedad de él: que operaciones por fracturas por accidentes de trabajo o por hacer deporte y últimamente con el “cáncer de los pobre”: la diabetes. Ella es la guía, es la que alimenta de manea balanceada, la que está al pendiente de la insulina, de las jeringas, de las pastillas, de la hora del ejercicio, de la llegada sano y salvo de casa a la oficina y de la oficina a la casa. Tiene, además, que atender al anciano suegro, al berrinchudo nieto y al antojudo nieto. Ella no tiene tiempo para telenovelas…tampoco para el “face”, ni para andar tómense el café con las amigas. Ella lava, plancha y reza por él.

(6)

Muchos creen que ella no se enoja, porque de manera cortés saluda a amigos y vecinos, pero es una mezcla de padre morelense, de aquellos pueblos donde nació Emiliano Zapata, y de madre guerrerense, tierra donde las disputas normalmente se resuelven a balazos o machetazos. Ha tenido que defender su casa hasta pistola en mano cuando han intentado robar y ha tenido que poner en su lugar, a golpes si es necesario, a  quienes le pretendían arrebatar al hombre…Que con su familia no se metan

Esas tormentitas las ha aguantado fácilmente, como ha aguantado a su lado a los huracanes “Gilberto” y “Stan”, por citar algunos que han azotado al sur de Veracruz. Recientemente, la semana pasada estaban juntos a unos minutos de haber pasado el terremoto: ella lloraba porque él a la hora de la sacudida de tierra cumplía con su trabajo en la Redacción.

(7)

El  mexicano y mexicano común deben imaginarse la incertidumbre con que viven todos los ciudadanos por la pobreza y por la inseguridad. Pero creo que con más incertidumbre vive quien ha vivido 27 años con un reportero, luego policía y nuevamente reportero.

Es la historia heroica de doña Martha Díaz Martínez.

Es la esposa de quien esto escribe.

¡Hoy cumplimos 27 años juntos!

(Quizá no habrá regalo para doña Martha por tanto aguante… pero pues si no hay regalo como ha ocurrido casi durante los 27 años, pues aquí está parte de nuestra historia…si ella aprendió a cuidar excelentemente a su familia, yo sólo aprendí a medio escribir).

Compartir

Dejar un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here