OLUTA: Las Leyes del Querer

Angel Gabriel Fernández.- (1)

Carlos Monsiváis, uno de los más prolífico escritores mexicanos, hizo un ensayo acerca de uno de los ídolos del pueblo mexicano, Pedro Infante, lo que puso en evidencia que también los grandes artistas, investigadores e intelectuales deben interesarse en temas comunes como los hechos policiacos, porque detallar la muerte de Pedro Infante fue un hecho policiaco. El libro de Monsiváis, quien se identificaba por vivir rodeado de gasto, lo tituló “Las Leyes del Querer”, en mención a aquella famosa canción que dice: Ahí te dejo mi desprecio, yo que tanto te adoraba, pa’ que veas cuál es el precio de las leyes del querer”.

(2)

No podremos jamás combatir la violencia con arte o con poesía; los delincuentes escogieron ese camino porque no les quedaba de otra, por gusto o por dinero. La mayoría de los delincuentes apenas y saben leer; es imposible que alguien que anda en una moto, con una pistola y dispuesto a asesinar a un rival de banda, sepa quién fue “El Quijote de la Mancha” o que haya oído hablar alguna vez de “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo.

En una nación o en un pueblo donde a diario hay masacres. Es que ahí no llegó la educación ni la cultura, pese a los esfuerzos que desde 1929 hizo José Vasconcelos por incentivar la educación y la cultura en México, porque se recordará que aquel célebre oaxaqueño ideó construir bibliotecas hasta en los más remotos lugares del País y dotarlas de todos los clásicos de la literatura nacional a internacional.

La intención fue buena, sólo que hasta la fecha las bibliotecas siguen llenas de libros bañados de polvo, porque nadie los lee. Oluta quedó en pañales en cuestión de educación y cultura; el alcalde saliente, “Chuchín” Garduza, es un hombre popular, futbolero, salido sí de la cultura del esfuerzo, pero como muy pocas luces de inteligencia.

No hay que olvidar que la democracia nos permite tener gobernantes famosos, pero incultos; no hay que olvidar que el tirano Calígula quiso hacer senador a su caballo “Incitatus” sólo porque este era muy conocido y querido por sus súbditos.

“Chuchín” Garduza dio el brinco histórico de gritar “pásele, pásele, Acayucan, Ojapa” o de saber de llantas y motores a gobernar en dos ocasiones a su pueblo. Hizo quizá obra material, pero se olvidó de la obra educativa.

Nos cansamos de decirle en su segundo periodo de gobierno que era lastimoso que Oluta tuviera lujosas salas de cine, pero no tiene una digna escuela de bachilleres, ni se diga de un plantel universitario, porque ese es un lujo que no puede darse un triste jicamero.

Las “obras culturales” de la anterior administración municipal se redujeron a concursos de canto y baile. La biblioteca municipal es un edificio triste y abandonado, en lugar de ser un vivo templo del saber.

Oluta no destacó a nivel educativo o cultural, por el contrario, como en tiempos de las cavernas, la administración de “Chuchín” se identificó por el salvajismo, pues es público que sobre su Comuna pesaron dos recomendaciones de los Derechos Humanos por violaciones a las garantías individuales. Eso es consecuencia de la falta de educación y cultura

(3)

Diciembre pasado Oluta lo cerró, cuando menos, con cuatro baleados, tres de ellos muertos. Un día previo a las fiestas en honor al Santo Patrono. Sam Juan Bautista, hubo una masacre cerca del panteón municipal. Una pacífica ciudadana del barrio Segundo, cayó abatida en años anteriores por una bala perdida en un pleito entre delincuentes. En Oluta no se impusieron las leyes del querer o el amor: se impuso el terror, las balas. Eso ha dejado una administración panista.

La contadora María Luisa Prieto Duncan es de buena familia; su padre es un hombre respetable y trabajador; dicen que estudió en buenas escuelas como el “Colegio Carlos Grossman”; un amigo periodista le dice “la dama que nunca se ríe”; es como la dama de hierro Margaret Thatcher.

Pero si quiere gobernar Oluta debe olvidarse de las leyes del querer; el amor acaba, los arrumacos se terminan, queda al final el aplauso o la reprobación de todo un pueblo.

A 9 días de haber iniciado su gobierno, ayer martes, ya hubo el primer baño de sangre del año. Como siempre, la policía no se inmutó, pese a que según los expertos en seguridad, cuidar de un pueblo del tamaño de Oluta es suficiente con dos patrullas que tardarían en cruzar el pueblo de lado a lado no más de 10 minutos. Y los hechos, según narraron, fueron en la zona por donde se encuentra un abandonado módulo de policía.

Golda Meir fue primer ministra de Israel y afrentaba los problemas de seguridad con mano dura; pero se olvidó de andarse balconeando en eventos públicos con su pareja, como si aquel fuera el que mandara o como si aquel quisiera sucederle en el cargo.

Cuando haya más educación y cultura en Oluta y menos arrumados públicos, empezaremos a caminar por el sendero de una buena estrategia para gobernar firmemente. El corazón, dicen, es mal consejero.

Compartir

Dejar un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here