POBREZA Y DEUDA IMPAGABLE

Joel  Vargas.- Alcanzar un desarrollo igualitario en México es complicado y muy difícil. Los responsables de promover este fenómeno de avance son los políticos, esto es, los que administran el poder público; pero estos no exploran el poder para transformar la amplia base de proletarios o de menesterosos, sino para usufructuar el poder en beneficio propio o de los cercanos. Otros van tras el poder por el simple hecho de satisfacer egolatrías. Son ricos y desean poder para erigirse en invulnerables y tener a la mano la satisfacción de caprichos sofisticados, algunos hasta impredecibles. La mayoría de los políticos ignoran el arte de gobernar.

México es un país de pobreza seglar. Ha venido arrastrando una pobreza que con el paso del tiempo se ha agudizado. La pobreza y las carencias son enormes. Los satisfactores para la supervivencia se empiezan a agotar. Se percibe una franca irritación social y las clases bajas ya se empezaron a cansar de ser pobres. Los menesterosos se están multiplicando por millones, sufren de cosas vitales. La vida que despliegan es una existencia plana, sin incentivos. Se observan rebeldías que por lo pronto se quedan sumidas en la impotencia, hasta que algún día tomen formas y descubran la unidad que encierra la fuerza para transformar.

La mayor fuerza que poseen los potentados que dominan este país es el Ejército y las mil policías que operan en toda la geografía nacional; por lo mismo las jerarquías castrenses reciben buenos salarios, igual que el personal de tropa. Y, claro, por dinero están dispuestos a obedecer ciegamente y a masacrar a los tumultos hambrientos. Ignoro exactamente como es la formación educativa de los soldados, pero siendo México una dictadura, no puede ser tan diferente a la forma en que se adoctrinaban los soldados de Anastasio Somoza, dictador de la Nicaragua revolucionaria, que al final fue ejecutado.

Allá era así:   ¿Qué son ustedes?, ¡Tigres!

¿De qué se alimentan los tigres?, ¡De sangre!

¿De quién es la sangre?, ¡Del pueblo!

Antes y después de cada sesión académica y doctrinal, es comprensible que los cadetes graduados se consideraban tigres y que en cualquier momento que recibieran la orden estaban dispuestos a beberse la sangre del pueblo. El somocista era un ejército sanguinario y terriblemente despiadado. Allá también los revolucionarios eran los pobres encabezados por un grupo de patriotas, muchos de los cuales fueron asesinados. El Ejército Mexicano no está muy ausente de estas estigmatizaciones, pues ya se sabe que los soldados se forman para matar o, como ellos dicen, para aniquilar al enemigo. Los pobres en rebeldía son pues sus enemigos. Nunca detienen a nadie para llevarlo ante la ley. Ellos asesinan. Por lo mismo la democracia significa la vida, la cárcel o la tortura.

México empezó a estar más pobre con el neoliberalismo y la macroeconomía. Cuando se iniciaron las ventas, a precio de regalo, de empresas que producían millones de pesos de utilidades como PEMEX, la industria hidroeléctrica, eólica, geotérmica, Teléfonos de México, el Canal 13, etc., etc. La economía mixta de México se acabó y mucho de ese dinero fue a depositarse en cuentas particulares. Ahora todos los gastos que tiene el gobierno, incluyendo los enormes salarios, son exprimidos de los míseros ingresos de los mexicanos de clase media, es decir, los contribuyentes cautivos. Todo el dinero populista que se tira en inservibles programas sociales son capitales que se han pedido, en condiciones de préstamos, a los bancos internacionales y que algún día se tendrán que pagar a huevo, así tengan que hacerlo los mexicanos que aún no nacen.

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