Premio de periodismo

(1)

En la vida del hombre, todo favor se paga, toda invitación debe ser correspondida, toda subvención tiene que pagarse.

Debe ser feo recibir algo sin merecerlo.

(2)

Los premios estatales de periodismo que se dan en Veracruz, siempre me han parecido una burla, por no decir indignos. Los reparten como si fueran boletos para ir al cine gratis; los hay como mangos en su temporada. Pocos periodistas son merecedores a ellos.

En la región de Acayucan, lo han merecido Esperanza Arias Rodríguez, José Luis Ortega Vidal, Jorge Cárdenas Romero y no sé si ya se lo otorgaron a mi amigo Carlos Delgado Carvajal. Tampoco sé si ya se lo otorgaron a doña Eva López, pero también es de la selecta lista de los que sí lo merecen.

(3)

He discutido públicamente y sugerido —exigido, incluso—que en Acayucan y en todo Veracruz se instaura una mecánica o procedimiento para otorgar el premio a los periodistas.

Primero: no debe otorgarlo ninguna institución de gobierno u organismo relacionado con el sistema político. ¿Quién es el gobierno o sus achichincles para decir quién merece un premio a su labor periodística?-  Si eso ocurriera, es decir, si algún ente relacionado con  el gobierno pretenden dar un premio, el convocado debe rechazarlo, como lo hizo don Julio Scherer García cuando un Presidente de la República lo convocó a recibir el premio. Yo lo haría.

Segundo: deben los organismos o uniones de periodistas convocar cada año, de manera abierta, a que los que se dedican a escribir, a que presenten un trabajo para calificarlo. Debe ser un trabajo periodístico en cualquiera de sus géneros: crónica, reportaje, columna o fotografía. Que haya, por supuesto, un jurado de expertos. Que los trabajos sean excelentes en redacción y ortografía. Los que escriben con las patas no tendrían oportunidad alguna.

Tercero: que los trabajos  sean presentados en público, que los ciudadanos lectores participen y opinen. Que si hay algún burro se le pongan las orejas, que se exhiba a los que se digan periodistas o redactores y en verdad sólo sean “levanta datos”. O sea: que si se van a ganar algo, que de verdad lo merezcan, que presenten sus méritos. Actualmente ni convocan a concurso, ni califican los trabajos; se reparten los premios de manera inexplicable y bajo un oscuro esquema. Son premios “ignuramos causa”. Los periodistas no pueden exigir justicia o legalidad a las autoridades o ciudadanos si ellos no ponen el ejemplo, que no exijan democracia si ellos no la practican. No pueden exigir que los procesos sean limpios si ellos no demuestran capacidad o claridad en sus procedimientos.

(4)

En Acayucan además de reporteros capaces y periodistas lúcidos, hay investigadores, historiadores y escritores que han publicado buenos trabajos, pero a ellos no los convocan ni a integrar las uniones ni a las reuniones. Pareciera que les estorban los que piensan.

Ejemplos: el profesor Joel Vargas Cruz es un excelente editorialista de diarios locales, regionales y estatales y autor de varios interesantes libros, pero no lo han convocado al premio estatal; ni periodista lo consideran.

El licenciado Joel Ferat Ávila es comentarista de radio y ha escrito más de 10 libros; tampoco lo consideran.

El antropólogo, arqueólogo y doctor en historia Alfredo Delgado Calderón, ha escrito decenas de libros especializados y una biblioteca lleva su nombre. Tampoco es considerado ni reconocido como escritor.

Don “Guillo” Domínguez y el antropólogo Rubén Leyton Ovando escribieron libros, pero tampoco fueron reconocidos como escritores.

El licenciado José Pantoja Alvarado era un intelectual y editorialista de diarios estatales, hombre de libros, pero hasta fue expulsado de un local que ocupaba en el palacio municipal. A veces tenía que vender sus libros para sobrevivir.

El historiador José Viveros Cuervo ha escrito crónicas y relatos históricos interesantes, pero tampoco se le considera periodista.

Al historiador Reginaldo Canseco tampoco se le ha reconocido su aporte como escritor.

(5)

Una calle de Acayucan debería llevar el nombre del cronista de la ciudad Germán Rodríguez Filigrana, quien escribió cientos o miles de artículos culturales.

Otra calle o un salón debiera llevar el nombre de José Arana Alvarado, quien escribía de todo: deportes, sociales, nota general y policiacas, sin faltas de ortografía. Le dieron el premio de periodismo cuando ya estaba anciano y antes de morir. Sus últimos días los pasó en la pobreza total; el papel del premio no le servía ni para limpiarse las lágrimas.

Los compañeros reporteros o la directiva de ellos, en lugar de andar organizando convivios o repartiendo premios a quienes a veces no los merecen, deberían ubicar y hacerle un reconocimiento a don Adrián Medina Olaya, maestro del periodismo acayuqueño; bueno, si no le dan un premio, que vayan a que él les dé unas clases. El maestreo Adrián Medina Olaya vive en la colonia Emiliano Zapata y tenía una modesta imprenta.

Estoy seguro que los compañeros periodistas de Acayucan ni enterados están que Marco Antonio Medina Castellanos, hijo de don Adrián, es locutor de primera autorizado por la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Ya sería mucho pedirles que aceptaran como maestro y guía a mi maestro Gustavo González Godina. A este gran periodista jalisciense pero formado en Veracruz y en Acayucan. Lo ven como bicho raro por su manera de ser y de pensar; porque al burro lo llama burro y al pendejo…pues así.

Tampoco le han hecho justicia a Maximiliano Macedonio Cruz, reportero modesto luchón, centrado. Max conoce todas las entrañas del diarismo, el trabajo arduo de los linotipos y las imprentas, pero para él no hay premio ni apoyo.

Menos mal que al maestro Jesús Gutiérrez ya lo premiaron. El sí lo merecía… los demás, los demás que se dediquen a aprender.

(6)

“Y no canto de dolor…Yo no busco quien me quiera, ni pretendo financiera que me avale lo que soy…”.

Compartir

2 Comentarios

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here