Seguridad en Acayucan: lo que se hizo, lo que se hace…lo que hace falta

Ángel Gabriel Fernández.-

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El gobernador  interino de Veracruz, Flavino Alvarado Ríos, empezó bien: no intentó tapar el sol con un dedo y reconoce que en el sur de Veracruz hay graves problemas de inseguridad.

Por eso ayer en sus primeras horas de trabajo, llegó a Minatitlán para tener una cumbre con los cuerpos de seguridad. (Véase boletín oficial  del Gobierno del Estado en la página 7 de esta edición).

Al toro hay que tomarlo por los cuernos; no se puede vivir enajenado, ajeno a la realidad.

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Mi maestro en la policía, Ricardo Romero Vergara, una vez me puso en claro la importancia de ser Policía Municipal: la corporación local, la más cercana al pueblo, autorizada constitucionalmente en el Artículo 115 de la Carta Magna, tiene grandes facultades. Puede detener infractores en flagrancia, a quienes tienen órdenes de aprehensión y dejarlos de inmediato a disposición del Juzgado que los  reclame; puede detener indocumentados, a infractores de la ley de Tránsito, puede clausurar cantinas en auxilio de las autoridades de comercio.

De ahí viene la importancia, necesidad y obligación de los Ayuntamientos de invertir en seguridad, en la policía; no deben verse las comandancias como medios de ingresos económicos.

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En Acayucan los primeros pasos en la dignificación de una corporación policiaca a nivel municipal, se dieron en la administración 1992-1994. Con el alcalde Maximiano Figueroa Guillén, cuando se construyeron los módulos de vigilancia en el camino a Congregación Hidalgo, afuera de la unidad deportiva “Vicente Obregón” y uno más en la carretera Transístmica, frente a donde estaba la antigua garita de la Migra.

Hoy en día dichos módulos no existen: el que va a Hidalgo está sucio y abandonado; el de la unidad deportiva terminó como local de venta de antojitos y el de la carretera Transístmica de plano lo derribaron, También había uno en Corral  Nuevo que al parecer funciona a medias.

Otra administración municipal hizo módulos policiacos en la colonia  Miguel Alemán, en Rincón del Bosque, en la colonia Los Ramones y en algunas comunidades.

Durante la administración 1998-2000 a cargo de Cesáreo Ortiz Peñaloza, hubo una inversión importante en cuestiones de seguridad. Se remodeló el edificio que era de una Partida Táctica Militar para convertirla en Inspección General de Policía, en la calle Antonio Plaza del barrio Tamarindo, donde actualmente está la Policía Naval.

Hay un testigo viviente de aquella gran inversión en seguridad para Acayucan: el ingeniero Raúl de la Luz Sotelo, quien salido de las filas del PAN era regidor de la Comisión de Patrullas. Se compraron unas 10 patrullas, había más de 120 elementos disponibles, radios, motocicletas, uniformes y hasta se constituyó  bien la Policía Montada que ya había sido experimentada en la administración del médico Radamés Trejo González.

De aquello, de todo aquello, ni rastro queda: la Inspección de Policía es ahora un cuartel militar del que nada se sabe, ni los reporteros entran: ya Acayucan no tiene más de 10 patrullas y se rumora que cuando mucho hay 40 policías navales que son los que dan seguridad a medias a todo el municipio, porque para acabarla de amolar, no les pagan a tiempo sus sueldos.

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Las máquinas jamás van a sustituir o suplir al ser humano. No bastan las cámaras o computadoras para la Policía Naval: se requieren suficientes elementos para que no hagan sus guardias desgastados o desvelados; se requiere que haya un acercamiento entre la corporación y los ciudadanos  para que se genere confianza.

La administración actual de Marco Martínez ha hecho su parte: adquirió el edificio para la Marina y construye comandancias militares. Así debe ser. A la seguridad hay que invertirle.

Acayucan lo necesita.

Acayucan lo merece.

Porque es vergonzoso que, por ejemplo, las farmacias “Yza” que recién acaban de abrir ya hayan sido asaltadas varias veces: no es posible que un negocio de pizzas que abrió hace semanas ya haya sido atracado y que hasta a los humildes taqueros les bajen su lana.

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