LÍNEA PRIVADA | Se puede gobernar con todo, menos con miedo

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 Se puede gobernar con todo, menos con miedo.

(2) Hay diferentes estilos de gobernar. Algunos hombres en el poder se vuelven muy soberbios, otros muy taimados, otros pasan desapercibidos; otros hacen de su función pública un escándalo. La forma de gobernar del alcalde de Acayucan, Marco Antonio Martínez Amador, puede gustar o no gustar, ciertamente, pero está siendo popular y efectiva en estos casi dos años de administración. Algunos podrían calificar de “atrabancada” su forma de gobernar, pero a los mexicanos nos gusta mejor que sean atrabancados a que sean agachones. (3) A inicios de los años 90’s, el PRI inventó un método de selección de sus candidatos a alcaldes, denominado “asamblea deliberativa”, en la que los aspirantes, ante el público, exponían sus proyectos y si eran aprobados, seguían  en el camino, si no, hasta ahí llegaban sus aspiraciones. [wp_ad_camp_2] En aquella ocasión la “asamblea deliberativa” se realizó en el cine “San José”. Participaron, entre otros, el profesor Joel Vargas Cruz, Maximiano Figueroa Guillén, Ciro Blanco Candelaria. El que se llevó los aplausos fue el profe Vargas Cruz, quien dijo que quería ser presidente municipal para defender a los acayuqueños; recuerdo que dijo (también en un  desplegado en los diarios) que si un agente de Tránsito o elementos de Seguridad Pública (en aquellos tiempos, como ahora, eran muy abusivos) agraviaban a los acayuqueños, él personalmente, como presidente municipal, iría a protestar y a exigir que destituyeran a los malos elementos. El gran orador recibió los aplausos, pero no la candidatura. No hubo quien defendiera a los acayuqueños. (4) Los ciudadanos mexicanos somos normalmente débiles; somos buenos para pendejar al  prójimo o para mentar madres, pero en  caso de guerra, cuando se necesita tener valor, nos ganan hasta los guatemaltecos. Por eso vemos con agrado cuando alguien nos defiende. Es como cuando va uno a la escuela y te echan bronca: les echas a los más grandotes. Así pasa en Acayucan: el alcalde Marco Martínez  se ha metido de lleno a defender al pueblo, no tiene miedo; él da la cara por quienes lo eligieron, es el grandote de la escuela. Por eso tiene la simpatía y el respaldo popular. Recordemos que no se anduvo por las ramas a la hora de negar el permiso para que jugaran en el estado acayuqueño los “Tobis”; era un club particular y quienes lo promovían ya querían adueñarse del estado y de otros espacios deportivos. Marco Martínez le entró  a las patadas y se fajó los pantalones…y hablando de patadas, los acayuqueños pueden estar seguros que si el equipo de Tercera División lo necesita, el alcalde le entra hasta el terreno de juego, no duden. Cuando hubo que ponerle el alto al monopolio de las grúas, Marco Martínez le entró. Se ganó la antipatía de una familia, pero la simpatía de cientos o miles de automovilistas que eran afectados por ese monopolio que los exprimía con el arrastre y con la pensión del corralón. La grúa municipal ahí anda dando servicio más barato. Cuando la regidora Dinorath Guirao se quiso brincar las trancas, públicamente y ante el Cabildo le paró los tacos. Quedó fuera de la importante comisión de ecología y la mandaron hasta la China por tierra. Este fin de semana, dicen que llegó a una liga donde querían grillar con las televisiones que mandó la SEDESOL, y puso en su lugar a quienes querían empezar con sus marranadas. Ayer, cuando un grupo de obreros exigía trabajo,  a los manifestantes los trepó a una camioneta del Ayuntamiento y los llevó a una obra donde les darán trabajo. Son acciones que no son del agrado de los políticos marrulleros que a todo le dan vueltas, que no gustan a los  demagogos, pero que sí gustan y benefician a la clase popular, que al fin y al cabo es la que lo eligió y la que representa su capital político: unos 17 mil votos. (5) Uno de los personajes históricos de nuestro país más populares, Pancho Villa, era atrabancado, rústico; en Chihuahua puso en circulación una moneda especial, con su foto en los billetes; no tuvo miedo a la hora de invadir Columbus en Estados Unidos. Era atrabancado, sí, pero es quizá junto con el reformador Benito Juárez, el más popular de los personajes mexicanos. No hay pueblo o ciudad donde no haya una estatua, una calle, una plaza o una escuela que no lleve el nombre de Pancho Villa. Hasta en Rusia  hay una calle que lleva su nombre, según uno de sus biógrafos, el escritor Paco Ignacio Taibo II. (6) Los acayuqueños deben hacer una encuesta; evaluar en este momento el grado de popularidad del alcalde Marco Martínez Amador; el resultado seguramente será a favor del munícipe, porque cuando menos comprobarán que tienen un representante que no teme encabezar movimientos sociales a favor de los ciudadanos. Todos los pueblo –está comprobado históricamente— entiende a políticos que meten las “patas”, que se equivoquen,  pero que no meten las manos en el pastel, o sea, que no sean rateros descarados. (7) Cuando en Chile ganó el candidato opositor  Salvador Allende, el que iba contra la incipiente dictadura de Augusto Pinochet, hubo sectores de la nación que reclamaban porque no había trabajo ni comida; pero los mismos chilenos se contestaban: “nos  está yendo mal con el gobierno, pero es nuestro gobierno, nosotros lo elegimos”. Al final de cuentas, Salvador Allende pasó a la historia y vive en el buen recuerdo de los chilenos; en Acayucan hasta hay una colonia que lleva su nombre. Los que lo despojaron del poder, los gorilas caciques y dictadores, están sólo en los archivos militares y policiacos, repudiados por el pueblo. (8) En resumen: ¿Usted, acayuqueño, qué prefiere, un alcalde agachón o uno entrón?.

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