Una limosnita, por el amor de Dios

Tiene 86 años y no le llega la ayuda de ningún programa social. Se para en una esquina a pedir monedas.

Fabián Antonio Santiago Hernández, Acayucan, Ver.- Todos los días sale a las calles; su caminar es lento, paso a paso hasta llegar al centro de la ciudad; ella se para en la calle Hilario C. Salas, donde el tráfico es lento, ahí pide a los conductores una ayuda, pues dice no tener apoyo de algún programa de gobierno.

Dice llamarse Alicia Reyes, tiene 86 años; es de pocas palabras, dice que es viuda, su único hijo murió hace unos años “me lo arrebataron” –dice-.

Su mano extendida sirve para que los conductores puedan darle una moneda para sobrevivir, dice que no sabe leer ni escribir.

“Lo que caiga es bueno, aunque sea para comer tortillita”, dice la señora.

La ancianita bajo los intensos rayos del sol, muestra cansancio, por lo que decide sentarse en la banqueta. Escucha al reportero y dice que no tiene algún programa “como no se leer, no me ayudan”, dice.

Por eso solo espero el momento de irme, dice a momento de que se limpia la cara con un trapo.

Así como esta señora, hay adultos mayores que no cuentan con apoyo de algún programa social y mucho menos de las autoridades.

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